miércoles, 23 de abril de 2014

Algunas curiosidades sobre Taiwán

Taiwán es un país único en el que cada día encuentro alguna cosa interesante que compartir. Así pues, esta es una pequeña lista de datos que considero interesantes.

1. Los taiwaneses viven tanto en el año 2014 como en el 103 del calendario Mínguó (民國紀元), que solo se utiliza en Taiwán. En este calendario los años se cuentan desde el 1911, porque ese fue el año de la fundación de Taiwán.

        2. Siguiendo con las fechas, en Taiwán el Día del Padre se celebra el ocho de agosto. El motivo es lingüístico: en chino agosto se dice "ba yue" (八月, "ba" significa "ocho", y "yue" significa "mes") mientras que padre se dice "baba" (爸爸), de modo que se trata de un simple juego de palabras.

3. Además de firma, en Taiwán la gente tiene un sello con su nombre. Normalmente, para abrir una cuenta en el banco necesitas conseguir tu propio sello, con el que "firmarás" todos los documentos. Se pueden comprar en varias tiendas en las que los preparan en menos de cinco minutos. Los precios varían dependiendo de lo que el cliente esté dispuesto a pagar. El más sencillo y barato cuesta un euro y medio. 



4. Taiwán es el país que con mayor densidad de tiendas de conveniencia en el mundo. Los 7-11, Ok Mart, Hi-Life y Family Mart están en cada esquina, y los taiwaneses los adoran porque, como todos los extranjeros sabemos, para ellos la "conveniencia" es una cosa muy importante. En estas tiendas se puede parar a tomar un café, usar el baño (si lo tienen), comprar comida (la mayoría de ella congelada, te la pueden prepararar en el microondas de la tienda), pagar facturas, imprimir tiques de autobús, etc. Son muy fáciles de encontrar y están abiertas las 24 horas del día todo el año.

Por si os interesa saber más, estas son mis fuentes:




5. Muchos taiwaneses llevan chanclas todo el año. No les importa que sea invierno, llueva y truene.

6. Uno de los detalles que me han sorprendido en Taiwán es que los niños con una edad relativamente corta andan solos por la calle e incluso se compran su propia cena. El motivo es que Taiwán es un país muy seguro, y ni siquiera en las calles de Taipei (la capital) hay nada que temer.

7. Todos los institutos, sean públicos o no, tienen uniforme. Para los extranjeros que no somos capaces de distinguir a un taiwanés de 25 años de uno de 16, puede resultar bastante útil.

8. Hacer la mili es obligatorio para todos los hombres taiwaneses durante un año. Muchos chicos, que saben que la mili es una pérdida de tiempo y que no van a aprender nada, fingen que están enfermos (especialmente, que tienen una depresión grave con tendencias suicidas) para librarse, pero es un proceso bastante largo. Normalmente, los llaman a hacer la mili cuando acaban la universidad. 

jueves, 13 de marzo de 2014

New Taipei City, día 17: Jinguashi, Shuinandong, Bitou y Jiufen

Mi primera excursión fuera de la ciudad de Taipei fue a New Taipei City, cuyo territorio muchos taiwaneses consideran igual al de la ciudad de Taipei aunque la New City es mucho más grande y está mucho más habitada. Para llegar a mi destino, primero cogí un tren increíblemente barato (1,25 euros por un trayecto que no fue corto) para llegar a la estación de Ruifang, donde por otros 1,25 euros me compré un billete de autobús que me permitió desplazarme todo el día por diferentes sitios turísticos de la zona. 




El primero fue Jinguashi (金瓜石), cuyo único atractivo es su parque-museo ecológico. Aunque no es nada del otro mundo, vale la pena echar un vistazo. Tiene mucha naturaleza y algunas buenas vistas. El museo está relacionado con el pasado minero del pueblo. También hay algunas casas de la época de la ocupación japonesa de Taiwán, y antes de llegar al museo se puede ver un cementerio tradicional taiwanés que a mí me pareció muy interesante. Además, hay algunos sitios en los que se puede comprar algún snack o postre. Yo probé por primera vez un postre taiwanés, el tou hua (豆花), que es una especie de masa hecha con soja, (muy parecida al tofu, pero sin sabor) servida en un cuenco con hielo y una salsa dulce. La pinta y la textura no son muy agradables al principio, pero ahora que llevo meses en Taiwán me parece una delicia.


Cementerio taiwanés



Casa de la época colonial japonesa
Snack de huevo
Tou hua 

El segundo sitio fue Shuinandong, (水湳洞). Lo único que estaba a la vista allí era la carretera, con el mar a la izquierda y la montaña a la derecha, además de un río con una pinta curiosa porque sus piedras eran anaranjadas (según me dijeron debido a las minas que había allí hace años). Además, por el camino hay una cascada. A simple vista, su mar no parece tener nada especial, sin embargo se compone de dos colores perfectamente diferenciados (los taiwaneses lo llaman Yin Yang). Además, tiene unas rocas artificiales que según me dijeron son para combatir las olas. 








En este sitio vi por primera vez las coronas de los funerales taiwaneses. Están hechas con flores artificiales y sus colores son tan llamativos que parecen de una fiesta. Cuando las vi por primera vez, no tenía ni idea de lo que eran. Ahora sé que se usan tanto para funerales como para celebrar la inauguración de una tienda, y la única manera de poder diferenciarlas es leer los caracteres del centro.





El siguiente sitio que visité fue Bitou (鼻頭), un pueblo pesquero del que no me esperaba nada y que visité por azar. Sin embargo, fue el sitio que más me gustó. Es un pueblo pequeño que no tiene muchas tiendas y que incluso tiene un aspecto un poco decadente, pero su playa es una joya por descubrir, y el pueblo en sí, con sus barquitos y sus montañas me recordó a mi pueblo natal en Galicia. Su playa es modesta, pero tiene unas vistas preciosas y además es una de las pocas que tienen rocas en Taiwán, y eso la hace especial. Sus aguas son muy cristalinas.








Después paré en Fulong (福隆) para comer. Es un sitio del que ya había oído hablar en España y que en seguida me pareció muy sobrevalorado. Comí en un sitio cuyos lunch packs son famosos (en Taiwán hay una cultura de restaurantes y tiendas famosos, y tengo la sensación de que cualquier local se puede hacer famoso por cualquier chorrada) y que se componía de arroz, algunas verduras, un trozo de carne, salchicha taiwanesa, huevo cocido en salsa de soja, y tofu, que a mí me pareció una comida normal. Al acabar de comer, fui directa a la playa, que en realidad es lo único digno de visitar en Fulong. Es un pueblo que no tiene nada aparte de un par de tiendas cutres que venden flotadores, bañadores y cosas por el estilo. Aun por encima, hay que pagar para entrar en la playa porque según he oído pertenece a un hotel. Pagué dos euros con descuento de estudiante por entrar, y, la verdad, no me pareció que valiese lo que pagué. Su paisaje es bastante soso, aunque la playa estaba llena de taiwaneses que se metían en el agua con la ropa puesta, a pesar de hacer un calor insufrible. Después de dar una pequeña vuelta y refrescarme en el agua, salí de Fulong para ir al sitio que más estaba deseando visitar: Jiufen.






Jiufen (九份) es un pueblo muy famoso en Taiwán. Su nombre significa, literalmente, "nueve raciones", porque según dicen, en el siglo XVII solo nueve familias vivían allí y cada vez que se recibía algún tipo de provisión necesitaban dividirla (Jiufen está en las montañas, un poco alejado de la ciudad). Es un pueblecito con encanto que parece gustar mucho a los japoneses, de hecho, supuestamente algunas escenas de la película El viaje de Chihiro fueron inspiradas por sus famosas vistas al mar.





Al ser un pueblo turístico, los fines de semana está a rebosar de gente. Sus calles son estrechas y están llenas de puestos callejeros y tiendecitas que venden cosas tradicionales muy interesantes, además de postales y souvenirs (cosas que en Taipei son prácticamente inexistentes) y, por supuesto, comida, principalmente snacks y dulces. Entre otras cosas, se pueden encontrar caracoles de mar, lu rou fan (滷肉飯, que es una comida muy famosa en Taiwán y se compone de carne de cerdo picada, salsa de soja y arroz) y zumo de guava, una fruta que se puede encontrar fácilmente en Taiwán. Al dar una vuelta por sus calles, se puede apreciar su antigüedad, y los faroles le dan un toque todavía más encantador. Tiene una casa de té bastante famosa, pero como no soy muy dada a beber té no despertó demasiado interés en mí.









Ocarinas hechas a mano

viernes, 7 de marzo de 2014

Cosas que no me gustan de Taiwán

He leído muchos artículos sobre Taiwán y lo maravilloso que es. Aunque Taiwán tiene muchas cosas buenas, a menudo pienso que los demás extranjeros lo ven todo color de rosa, por eso decidí escribir esta entrada con la lista de cosas que no me gustan de Taiwán.

       1.  Hay cucarachas asquerosas por todas partes, tanto en la calle como en las casas. Son tan grandes que al verlas te pueden dar escalofríos, y te hacen sentir muy incómodo. Casi todas las casas las tienen, son una plaga y además comen de todo, hasta ropa.

2. El aspecto marginal de las calles residenciales con sus casas viejas y sucias. Las puertas de las casas o apartamentos parecen de cárceles, y las ventanas tienen rejas. Los vecinos no tienen ningún tipo de acuerdo para limpiar las escaleras de los apartamentos, por lo que jamás se limpian y tanto las escaleras como la entrada están muy sucias. Las casas son tan viejas que parece que se te van a caer encima, y son muy difíciles de limpiar porque la suciedad está incrustada. Además, la gran mayoría de las duchas no tienen ni plato ni mampara. Simplemente están ahí, como si fueran una manguera. 





3. El tiempo siempre es un problema, excepto en octubre y noviembre. En verano, el calor es tan insoportable que hace prácticamente imposible ir a algún sitio e incluso puede que te impida dormir por las noches. En cuanto al invierno, lo más probable es que llueva sin descanso todo el día, aunque lo peor no es eso. Lo peor es que hay una humedad que te cala hasta los huesos, y no importa cuántas mantas y ropa te pongas encima, con trece grados tendrás el mismo frío que si estuvieras a grados bajo cero. Mis manos a menudo están tan frías que no las puedo mover, y la ropa no me seca durante días después de lavarla.

4. En Taipei, la mayoría de los taiwaneses creen que los extranjeros sabemos hablar chino, y a veces me parece que no les sienta muy bien que no lo hablemos. Todos piensan que venimos a Taiwán para estudiarlo, (aunque en mi caso en un principio no iba a ser así) y parecen creer que es una obligación que lo hablemos, de ahí que me moleste un poco su actitud.

5. Es difícil encontrar una cafetería en la que vendan un buen chocolate caliente en invierno (y lo mismo se dice del café, que aunque se vende mucho hay quejas de que su calidad es pésima). Además, la leche que venden parece agua y su versión del Coca-Cao apenas tiene sabor.


Versión taiwanesa de Cola-Cao desaborido 

6. Las relaciones de vasallaje. A menudo veo parejas que están muy desequilibradas. Parece que muchos hombres taiwaneses creen que sus novias son seres divinos y, como tales, tienen el derecho de hacer con ellos lo que les dé la gana. Si ellos se niegan a cumplir sus caprichos, no les dan la razón, etc., muchas tienen un comportamiento infantil y se convierten en niñas pequeñas.

7. Aparte de las cucarachas, también hay mosquitos picoteándote sin descanso todo el año, tanto de día como de noche. Por suerte, en las casas son fáciles de combatir.  

8. Es imposible encontrar un solo restaurante que ofrezca comida occidental real, a menos que sea de hamburguesas. 

9. Cada vez que intentas cruzar la calle te juegas la vida. A los taiwaneses (especialmente los que conducen motos y taxis) les importa muy poco lo verdes que estén los semáforos y que la gente esté cruzando. A menudo te pasan rozando los pies y ni siquiera se disculpan. ¿El motivo? Según mis investigaciones, es la impaciencia. 




10. El aspecto de algunos restaurantes y tiendas es realmente cutre. Son los sitios más baratos, especialmente para comer (por un euro y medio es posible hacerlo) pero la suciedad y el descuido absoluto de todo el establecimiento es escandaloso para un occidental. Es sorprendente la poca importancia que los taiwaneses dan a la apariencia.


En la ciudad de Taichung encontré el colmo del cutrerío: esta tienda de helados sin paredes


11.  La mayoría de las tiendas tienen por costumbre poner en la puerta parte de los productos que venden, incluso si son objetos de valor como electrodomésticos o mobiliario. El resultado es que las cosas se mojan con la lluvia, el sol les come el color, o se llenan de polvo. 

12. Es raro que haya papeleras en las calles. Si tienes basura, te la quedarás todo el día, a menos que entres en alguna tienda de conveniencia (los 24 horas como el 7-11) y se la des al dependiente para que la tire. 

13. Hay falta de espacios verdes en las ciudades y tanto feísmo urbano que parece que construyen sus edificios para espantar a la gente. 

14. Por último, para algunos extranjeros el olor de las calles también es un problema. Aunque yo jamás percibí que las calles tuvieran un olor especial hasta que mi familia vino a visitarme, es cierto que pueden tener un olor fuerte a especias o comida. Aparte de eso, también es frecuente encontrar el tofu apestoso, cuyo nombre ya lo dice todo. 



miércoles, 8 de enero de 2014

Buscando piso en Taipei: ¡bienvenido a la jungla!

Aunque desde un principio he querido evitar que mi blog fuese demasiado personal, creo que hay historias que merecen ser contadas, y la manera en que conseguí mi piso en Taipei es una de ellas.

Cuando aún estaba en España, me pasaron el contacto de un chico que se dedica a ayudar a extranjeros (especialmente estudiantes) a encontrar viviendas. Al día siguiente de llegar a Taipei lo llamé y me llevó a ver algunos pisos cerca de mi universidad, la NTNU. Me enseñó unos cuatro en total, cada uno más ruinoso y sucio que el anterior. El primero era casi literalmente una ruina, pero lo estaban reformando. Era viejo, estaba muy sucio, lleno de humedad y por lo que me dijeron, existía la posibilidad de que los dueños no lo limpiasen antes de darme las llaves. A pesar de eso, era espacioso y céntrico, así que lo archivé por si quedaba decente después de la reforma. El siguiente fue el único sitio realmente aceptable que me enseñaron: nuevo, bonito, limpio y con todo en perfecto estado.

Después, me enseñaron un estudio, que consiste en una habitación claustrofóbica en la que apenas cabe una cama. Incluso los pasillos del edificio eran tan estrechos que una persona un poco gorda no podría pasar, y el baño era minúsculo también, además de viejo. Después, como aquél sitio no me gustó (aunque parece ser que es normal meterse en un antro así en Taiwán, y de hecho insistieron en que no era un mal sitio para vivir), me enseñaron una azotea. Hay gente que vive en las azoteas, pero es ilegal y peligroso cuando hay tifones. Además, tampoco me gustó, no por el tamaño sino porque básicamente consistía en una puerta que estaba al lado del sitio al que la gente iba a lavar la ropa y si no recuerdo mal en vez de techo tenía uralita. Parecía una caseta de perro. Así pues, después de quedarme de piedra con los sitios horribles que me enseñaron, me decidí por el segundo piso que vi, pero necesitaba compañeros.

Después de decirle a la persona que me estaba ayudando que me quería quedar con el segundo piso, él me dijo que había unos chicos de Nicaragua que también estaban interesados en él, pero que todavía no habían llegado a Taiwán. A partir de ese momento, empecé a depender completamente de ellos. Aunque a mí no me quitaba el sueño elegir compañeros (sobre todo porque no conocía a nadie), los señores nicaragüenses se empeñaron en conocerme antes de firmar el contrato, como si de un examen se tratara. Tuve un mal presentimiento desde el primer segundo, pero con la edad he aprendido que a menudo los presentimientos no significan nada, así que les dije que podríamos vernos en mi universidad. Sin embargo, llegué tarde al encuentro, y ellos no se molestaron en esperarme. Los llamé y me dijeron que estaban en otro sitio. Me lo tomé con calma, y volvimos a intentar vernos sin éxito porque me perdí en el metro y llegué tarde.

Al final, me dijeron que no querían el piso que me interesaba, sino uno más viejo y barato en Wanlong, una zona que está a unas dos o tres estaciones de metro de la estación de mi universidad. Fui a verlo y no me entusiasmó, pero ya estaba acostumbrada a la fealdad y suciedad de los pisos taiwaneses y como estaba muy ilusionada, todo me parecía bien.

Pasaron los días sin noticias de ellos. Yo esperaba que hicieran algo para ponerse en contacto conmigo, vernos y firmar el contrato, y les mandé un mensaje preguntando cuándo lo firmaríamos (a día de hoy, cuatro meses después, sigo esperando que me contesten ese mensaje, que estoy absolutamente segura que leyeron) hasta que cuando ya llevaba unos diez días en Taipei, renovando el hotel barato en el que me alojaba todos los días porque no sabía cuándo me llamarían, cogí el toro por los cuernos y le pregunté al chico que me puso en contacto con ellos cuándo se iban a mudar. Yo, ilusa de mí, daba por supuesto que podría mudarme al piso con ellos aunque no me dieron una respuesta clara. En realidad, NO ME DIERON UNA RESPUESTA. Y… ¿qué creéis que me dijo la persona que me puso en contacto con ellos? «Oh, ya encontraron otro compañero. Van a firmar el contrato hoy». HORROR. Le pregunté si aún había algún piso que tuviese alguna habitación libre, y la respuesta fue negativa. DESESPERACIÓN.

De repente, pensé que jamás encontraría un sitio en el que vivir en Taipei y que tendría que volver a España completamente derrotada. Todo estaba lleno, aunque yo había llegado a Taipei más temprano que los demás. Y, ¿por qué? pues por esperar por la respuesta de unos pedazo de escorias sin sentimientos ni educación. Ahora que el tiempo ha pasado, sé que la culpa también es mía y de mi falta de experiencia, ya que fui una tonta y una  confiada. Yo había visto aquél piso primero y por culpa de unos pedazos de mierda me quedé sin él.

Después de pasar el que fue uno de los peores días de mi vida (y aun por encima completamente sola), la misma persona que me enseñó todos los pisos anteriores me ofreció un plan B no muy apetecible, pero yo ya estaba resignada a quedarme con lo peor. Me dijo que existía la posibilidad de alquilar una habitación en casa de una señora mayor. Era mi única opción, así que fui a verla. Era barata, pero el piso era uno de esos pisos taiwaneses que tienen cuarenta mil años y jamás fueron reformados. Además de eso, quería un sitio que pudiese llamar «mi casa».

Sin embargo, desde España, mi madre se puso manos a la obra y empezó a buscar pisos en Internet. A mí no me parecía fiable, y no daba un duro porque encontrase algo decente. Pero ella, como toda madre que se precie, insistió en que me molestase en contactar con los dueños de los sitios que encontró y accedí, aunque muy desganada y sin esperanza.

El dueño del único sitio que me enseñaron fue muy amable y me recogió en la estación de metro más cercana a la NTNU. Cuando llegamos al piso había otra persona esperando en la puerta, y resultó que él también estaba interesado en alquilarlo. Subimos hasta el quinto piso y nos enseñaron una habitación espaciosa con baño. No era el Palacio de Buckingham, pero no estaba mal. Decidí que me la quería quedar, cuando, de repente, el que se convertiría en mi adversario soltó un «Ok, me la quedo».

Empezamos un debate que duraría casi dos horas. Mi nuevo "adversario" era un tipo con una actitud muy chulesca.  Sabía lo que quería y no tenía pelos en la lengua. Se me puso farruco desde el primer segundo y quería firmar el contrato al momento, como si yo no existiera. Yo sugerí que al menos lo echáramos a suertes, pero con aquél hombre no se podía discutir. Estaba muy seguro de que aquél piso era para él porque sí, porque lo quería. En cambio, su novia, que era taiwanesa, era bastante razonable. El dueño parecía estar en un gran apuro, aunque la situación le hacía gracia. Los dos inquilinos en potencia necesitábamos mudarnos con urgencia porque llevábamos el mismo tiempo viviendo en un hotel, y como mi rival fue el primero en decir que quería alquilar y la discusión se estaba alargando demasiado, el dueño decidió que él se quedaría con el piso. Una vez más, me sentí deprimida y estúpida. Me quitaron el segundo piso de las manos.

Sin embargo, el dueño fue bastante amable y compasivo, y al ver lo desesperado de mi situación, llamó a la persona que se encargaba de alquilar habitaciones en el mismo edificio, pero en el cuarto piso. En esa misma noche me enseñaron dos habitaciones que estaban libres y que además eran mejores que la anterior. Todas tenían baño propio, eran espaciosas, con muebles en abundancia y una de ellas incluso tenía una tele de plasma. Dije que me gustaba, y me arreglaron una cita al día siguiente para volver a ver la habitación que quería de una manera formal y firmar el contrato. Admito que volví a mi hotel ilusionada, pero tenía miedo de que la historia se tripitiese y no estaría tranquila hasta que me dieran las llaves.

Así pues, al día siguiente fui puntual, no me perdí por el camino (esto fue realmente sorprendente para mí, de hecho sólo había oído la dirección una sola vez y ya me la había aprendido) y me dieron las llaves incluso antes de firmar el contrato, que firmé con los dueños al día siguiente. Fue tan poco formal que me costaba creer que estuviese haciendo algo que era tan importante para mí. La falta de estabilidad que conllevaba estar en un hotel me estaba volviendo loca.


Sin embargo, nada de esto me importa ahora porque, al final, he conseguido el mejor sitio al que podría aspirar, y mucho más aceptable que el antro con el que se quedaron los nicaragüenses. Como decimos en Galicia, poden «caghar nel».

lunes, 9 de diciembre de 2013

Taipéi, día 14: primeras impresiones de los supermercados taiwaneses

Después de casi dos semanas buscando piso, el mismo día en que me asenté por fin pude ir de compras como Dios manda y empezar a llenar mi habitación. 

El supermercado «de verdad» más cercano a mi casa se llama Wellcome y es una cadena bastante conocida en Taiwán. Algunos (si no todos) de sus supermercados están abiertos las 24 horas, por eso me recuerdan a las tiendas de conveniencia (son tiendas pequeñas que están abiertas las 24 horas, pero no me entusiasman sus productos y son ligeramente más caras) como el 7-11 o el OK Mart, pero el Wellcome es un supermercado más serio y tiene un poco de todo. Estas son las cosas que más llamaron mi atención en el Wellcome

1. Las famosas galletitas de chocolate de Shin Chan. Cuando llegué a Taiwán pensaba que eran un artículo difícil de conseguir, pero se pueden comprar en cualquier supermercado. Obviamente, proceden de Japón y, al igual que los demás dulces japoneses, son caras. La caja es minúscula y dentro tiene un paquete raquítico con unas galletas de una calidad no muy buena y un sabor dulzón de lo más normalito. En otras palabras, no las volvería a comprar.





2. Las galletas de los koalas, cuyo nombre no puedo leer porque está escrito en japonés. La caja es del mismo estilo que la de las galletitas de Shin Chan (e igual de cutre), y puesto que en Taiwán todo es muy 可愛 (ke 3 ai 4 = mono, adorable, cute) cuando voy a comprar comida a veces no puedo evitar el volver a ser niña y no resistir la tentación de comprar cosas con un precio poco competitivo porque su envoltorio, caja, etc., es demasiado bonito como para dejarlo en el estante del supermercado. 





3. El champú de la Virgen con el niño. Sí, habéis leído bien. Es un champú que tiene un dibujo de la Virgen María con el niño Jesús. La primera vez que lo vi me pareció lo más gracioso que había visto en mi vida, aunque también extraño y fuera de lugar porque no acabo de ver relación alguna entre la religión católica y los productos de baño. Pero en Taiwán la gente es menos estricta con los temas  religiosos, y no se ofende con la facilidad con que lo hacen los europeos. De hecho, se pueden encontrar todo tipo de productos de esa misma marca y con ese mismo dibujo, como toallitas, jabón, y gel.



4. La leche de sabores. Este invento ya lo había visto en Europa y no es nada del otro mundo, (tal vez lo haya en España también), pero no deja de llamar mi atención. La leche taiwanesa es dulce, casi igual que agua y, además, un poco cara. También venden café...  en lata. 



5. La Taiwan Beer. No es nada especial, si queréis mi opinión. Pero quería probarla. Creo que también la hay de Hello Kitty! 



6. El chocolate camuflado. Creo que no necesita ninguna descripción. Es chocolate que parece piedrecitas pequeñas, pero su sabor no es nada fuera de lo normal. 



7. La piña pelada. A lo mejor también la venden así en España, pero yo jamás he visto nada así allí. 



8. El gel de Hello Kitty! Siempre supe que Hello Kitty! tiene mucho éxito en Taiwán, pero cuando fui al Wellcome me pareció un monopolio. Todas las toallas que vendían eran de Hello Kitty!, había gel de Hello Kitty!, jabón de Hello Kitty! (que debe estar hecho de oro, porque vale un ojo de la cara) y todo tipo de accesorios para el baño de Hello Kitty! Incluso había cerveza y patatas fritas (llamadas «patatillas» por la mayoría de gallegos que conozco). Hello Kitty! es casi omnipresente en Taipéi, aunque el Lucky Duck está empezando a desbancarla...