lunes, 5 de enero de 2015

Once de enero de 2014: Yeliu, Marte en la Tierra

El parque nacional de Yeliu (野柳地質公園 Yeliu Dizhi Gongyuan) es uno de los sitios más famosos y populares de Taiwán. Situado en el pueblo de Wanli (萬里), en  la costa norte de Taiwán, está a 50 minutos en autobús de Taipei. 



A pesar de la distancia, unos tres euros son suficientes para pagar la ida y la vuelta a Yeliu, y los autobuses se pueden coger en una estación cercana al Taipei 101. Pasan cada veinte minutos, así que si estás en Taipei y tienes tiempo libre, no hay excusa para perderse esta curiosidad geológica. 

Mi novio y yo no conocíamos la zona, así que sin querer nos pasamos de nuestra parada y llegamos a un sitio un poco remoto en el que no había nada. Finalmente, otro autobús nos dejó en una parada a unos diez minutos de Yeliu, y antes de llegar dimos un paseo por Wanli, donde pudimos ver un bonito paisaje. 





También hicimos una paradita en el templo de Baoan, en el que cada año durante el día del Festival de las Linternas se celebra un ritual para limpiar el muelle de espíritus malignos. Entre otras cosas, los participantes se lanzan al mar semidesnudos (en INVIERNO) con figuras de los dioses, para pedir protección cuando trabajan en el mar. También cruzan fuego con los pies descalzos. Esta celebración es única en Taiwán. 




                 



Por el camino vimos varios restaurantes de marisco y comprobamos que Wanli era un pueblo muy tranquilo, así que me convencí a mí misma de que Yeliu estaría casi vacío para nosotros. Craso error. No fue para nada como me lo había imaginado. Había gente en los alrededores y en la entrada (incluso activistas de Falun Dafa, o  法輪大法 en chino), y era obligatorio pagar para entrar, cosa que me pareció indignante porque me esperaba un espacio salvaje, totalmente natural. Pero no. 

Calle de Wanli
Propaganda de Falun Dafa


Después de perder bastante tiempo sacando fotos fuera del parque, entramos con el tiempo contado, porque era tarde y Yeliu cerraba a las cinco de la tarde. Una vez dentro, comprobamos que, definitivamente, sus formaciones rocosas atraen a mucha gente. Estas rocas, que surgieron gracias a la erosión, tienen formas muy curiosas que dieron rienda suelta a la imaginación popular, puesto que muchas de ellas tienen nombres que están relacionados con las cosas a las que se parecen. La más famosa es la Queen's Head o Nuwantou (女王頭) que es uno de los símbolos de Taiwán. Recientemente, hubo cierta polémica porque algunos científicos aseguraron que la Queen's Head se podría romper debido a la erosión en muy poco tiempo. Para decidir si el hombre debería intervenir para favorecer su conservación o dejar que la naturaleza tomase su curso, se hizo una encuesta que favoreció la intervención. Podéis leer más sobre las formaciones rocosas con formas interesantes de Yeliu aquí.  

Primeras impresiones de Yeliu (antes de entrar) 
Queen's Head


Las rocas son tan extrañas que me parecían de mentira, pero todas eran auténticas. 







Por seguridad, había varios guardias y una línea roja pintada en el suelo, que no se podía  cruzar. El motivo es que en 1964, cuando Yeliu aún no era una atracción turística y no tenía ningún tipo de medidas de seguridad, un estudiante se cayó al mar y un marinero intentó salvarlo, pero murieron los dos. 




Conclusión: aunque al haberse convertido en un sitio comercializado y lleno de turistas haya perdido mucho de su encanto, Yeliu es una joya única en Taiwán (tal vez en el mundo) con un paisaje espectacular. Muy recomendable. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Uno de enero de 2014: el templo de Hongludi

Para empezar bien el año, pensé que sería una buena idea visitar un templo que quería conocer hace tiempo. Se trataba del templo de Hongludi, (烘爐地), situado en Zhonghe (中和區), un distrito de New Taipei City que es conocido por ser una de las zonas con mayor densidad de población del mundo. Sin embargo, el templo no está en la ciudad sino en las montañas, y no se puede llegar a él ni en metro ni en bus. 

Este templo es famoso por sus vistas y por su enorme estatua del dios Tudigong (土地公), que se conoce en inglés como el Earth God. 



Tudigong, también conocido como Fude zhengshen (福得正神), es el dios de la fortuna, y una de las deidades más populares en Taiwán, a pesar de tener un rango menor dentro del panteón chino. Cuenta la leyenda que Tudigong era muy generoso y no era capaz de negar a nadie los deseos que le pedía. Esto enfurecía al Emperador de Jade, el dios que gobierna el cielo, así que como castigo le mandó a una mujer que se convirtió en su esposa y que se encargó de persuadirlo para que no consintiera demasiado a los mortales. Sin embargo, hay un par de días al año en los que se supone que la mujer de Tudigong vuelve a su hogar materno, por lo que él se  queda solo. Este es el momento perfecto para rezarle, ya que las probabilidades de conseguir que acceda a cumplir deseos son más altas. 




El templo está dividido en varias partes a las que se accede a través de escaleras, en las que hay vendedores de lotería, tal vez porque Tudigong es el dios de la riqueza.





Algunas de sus zonas son bonitas mientras que otras da pena verlas por lo cutres que son. Si no entendéis a qué me refiero, echad un vistazo a estas fotos.





El altar que más me gustó fue este, especialmente por sus grabados de madera.






Aunque ya las había visto en muchos templos anteriores, me llamaron la atención estas columnas. Mi novio me explicó que dentro de cada una hay una figurita del Earth God y debajo, en el papelito rosado, está escrito el nombre de una persona que hizo una donación al templo. 





Me gustó mucho este templo, pero tengo que decir que me dio la impresión de estar hecho con prisa y poco presupuesto. Además, en él no se respira la espiritualidad y solemnidad de otros templos como el de Longshan o Baoan, aunque mucha gente vaya a rezar allí. Es un sitio que hace muy obvio que hoy en día estos edificios se construyen por dinero. Prueba de ello son una bola gigante que tenían cerca de uno de los altares y que se movía si pagabas, o esta especie de hucha que supuestamente atraerá la fortuna a todo aquél que haga un donativo.



Volviendo a las cosas positivas, lo mejor de este templo son, sin duda, sus vistas de Taipei y de las montañas, en las que se puede ver un cementerio taiwanés.  





Conclusión: el templo de Hongludi carece de la  grandeza que tienen otros templos y algunas de sus zonas son bastante feas, pero vale la pena visitarlo, sobre todo por sus vistas. 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Los fuegos de Año Nuevo del Taipei 101

El uno de enero de 2014 por fin llegó el momento por el que había estado esperando desde hacía casi un año: ¡iba a ver los fuegos artificiales del Taipei 101!

Con la cámara preparada y mucha ilusión, mi novio y yo decidimos salir de casa a eso de las seis de la tarde para encontrar un buen sitio, ya que los fuegos eran un espectáculo que no me quería perder por nada del mundo. Tardé horas en darme cuenta, pero llegar tan temprano fue un error, ya que el Taipei 101 está en una de las zonas más modernas de Taipei y sobra sitio para todas las personas que quieran ver los fuegos ese día, sin estar apretados. Además, la carretera estaba cortada y nos podíamos sentar en el suelo. 



Después de dar una vuelta, fuimos a echar un vistazo a un pequeño mercado temporal que habían montado cerca. Picamos algunas cositas y, finalmente, me di por vencida (mi intención original era esperar durante horas sin moverme de mi sitio, pero pronto me di cuenta de que sería ridículo) y fuimos a tomar una cena de verdad en el centro comercial del Taipei 101, en el que parecía imposible encontrar sitio y por el que vagamos bastante tiempo al acecho.




Al acabar de cenar, seguimos vagando durante horas sin tener nada que hacer, casi desesperados de aburrimiento, hasta que por fin llegó el momento. Aunque los taiwaneses no toman uvas ni tienen cuartos, en la pantalla del propio Taipei 101 contaron los últimos cinco segundos del 2013, y se podía oír a todos los taiwaneses coreando: “一 (yi), 二 (er), 三 (san), 四 (si), 五 (wu)” Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¡¡¡Boom!!!




El tiempo pasó fugaz, y los dos minutos y pico de fuegos me subieron a poco. Fueron como un sueño. 

   



Cuando los fuegos terminaron, la pólvora cubría parte del Taipei 101. 



Cuando los fuegos acabaron, abrieron el metro, que normalmente cierra a las doce. La cola para entrar era enorme y había varias personas controlando a las masas que entraban. Nosotros, milagrosamente, conseguimos colarnos en la primera tanda. En ese momento, me pareció increíble que tantísima gente se fuese a casa después de ver los fuegos, y también que en la zona no hubiera nada. Ningún tipo de fiesta. Nada, simplemente nada.




Obviamente, esa noche abrieron todos los bares y discotecas. Hubo fiestas de fin de año y estuvieron a tope. Pero a mí no me pareció nada especial. Las calles estaban desiertas. Casi no había ruido. No se respiraba el mismo ambiente que hay en Galicia por fin de año, con gente celebrando como loca en cada esquina. Aunque me gusten los fuegos, si tengo que elegir me quedo con el fin de año de mi pueblo. 


29 de diciembre de 2013: el templo de Guandu

Tras un intento frustrado de visitar yo sola el que prometía ser uno de mis templos favoritos en Taipei, meses después me aventuré, otra vez, a ir con mi novio. El templo de Guandu (關渡宮 Guandu gong) está situado en una zona tranquila que parece un mundo aparte del centro de la ciudad. En cuanto salí de la estación de metro sentí que estaba en una zona más residencial e incluso "rural".

El templo está a unos 10 minutos andando desde el metro. También se puede llegar en autobús desde allí, pero parecía un poco complicado y no merecía la pena esperar. Por el camino, tuve la oportunidad de ver una de las cosas que siempre me han fascinado de Taiwán: los funerales. En ciudades como Taipei, cada vez más modernas, es raro ver los funerales tradicionales, que se conservan más en las zonas rurales y se celebran en la casa del difunto. Según me dijeron, el cuerpo se vela durante varios días, pero no se conserva en la casa. Para sustituirlo, incluyen una foto suya, siempre en blanco y negro. Dependiendo del poder adquisitivo de la familia, este tipo de funeral puede ser más grande o más modesto. El de mi foto es, en mi opinión, uno intermedio, ya que los he visto más pequeños (sin el arco de la entrada, por ejemplo).



Cuando llegamos al templo me sorprendí al ver lo vacío que estaba, aunque ahora me parece lógico debido a su ubicación. Como en la mayoría de los templos taiwaneses, su religión es una mezcla de budismo y taoísmo. Su principal deidad es Mazu, la diosa del mar, que es muy popular en Taiwán. El edificio fue fundado en el año 1715, pero cuenta la leyenda que antes, en el año 1661, el área ya estaba considerada un lugar sagrado. Ha sufrido muchas reformas (especialmente después de la Segunda Guerra Mundial), y es uno de los templos más antiguos de Taiwán. 





En el primer piso hay varios altares y mesas para las ofrendas (o sea, nada especial). El último, en cambio, es más elegante, y tiene unos altares de madera un poco "barrocos". Además, sus vistas son alucinantes. Allí encontré una cesta con unos papelitos verdosos que me parecieron interesantes, así que cogí uno. Más tarde, mi novio me dijo que para cogerlos había que hacer una pequeña “donación”, y me explicó que en su interior hay un mensaje para mí (como en las galletitas de la suerte, que por cierto no proceden de Asia).




Vistas desde el techo del templo

Ave fénix 



Aparte del edificio principal, hay otro, que parece más nuevo y en el que se pueden ver varias estatuas de Buda y algunos dioses. A mí las que más me gustaron fueron estas.  





Además de todo esto, el templo también cuenta con un pequeño túnel (llamado Buddha Cave en inglés) que da a una especie de terraza con vistas al muelle de Guandu y en la que se puede ver la famosa estatua de la diosa budista Guanyin. En la entrada hay una bola que la gente tocaba y abrazaba para atraer riqueza y en la que se puede meter dinero. Por dentro, el túnel está lleno de varias estatuas de devas (cada cual más extraño y feo que el anterior) y, al final,  está la estatua de Guanyin, que en dos de sus muchas manos sujeta los caracteres de “luna” y “sol”. Es impresionante. 






Aún no habíamos terminado nuestra visita cuando, de repente, una persona que trabajaba allí nos dijo que iban a cerrar. Eran las cinco de la tarde, y nos quedamos sin ver el jardín del templo, que estaba detrás. Por suerte, lo visité un mes después con mi familia.


Conclusión: el templo de Guandu es una visita obligatoria para cualquier turista que visite Taipei, aunque a veces lo excluyan de algunas guías turísticas. No tiene nada que envidiarle a templos más populares como los de Longshan y Baoan, y es un sitio en el que te puedes perder durante horas.