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sábado, 7 de marzo de 2015

Trece de abril de 2014: Baosheng, el festival del color

Al igual que en la mayoría de los países altamente industrializados, la cultura propia está en peligro en Taiwán, y cosas que hace diez años eran comunes son difíciles de ver hoy en día. El festival de Baosheng es una gran oportunidad para disfrutar de la cultura religiosa taiwanesa en todo su esplendor: dragones, leones, dioses, danzas tradicionales, etc. desfilan durante horas por las calles de Taipei desde el templo de Baoan

Pero empecemos por el principio. Todo el jaleo es para celebrar el cumpleaños del dios chino de la medicina, conocido como Baosheng Dadi (保生大帝) y cuyo nombre se podría traducir como "Emperador de la Protección". Su cumpleaños cae en una fecha diferente cada año, y las celebraciones en el templo de Baoan de Taipei duran varios días, pero yo solo pude ir en el último. Aunque solo haya mencionado los desfiles religiosos, debo aclarar que en realidad el festival de Baosheng es mucho más que eso, e incluye algunos rituales, así como espectáculos de ópera, consultas gratuitas con médicos de medicina china, etc. No por nada su nombre completo es Baosheng Cultural Festival. 

A pesar de la dificultad que supone para un extranjero estar al día en estas cosas, ya que la información en inglés es más bien escasa, me las ingenié para enterarme de que los desfiles empezarían a eso de las doce del mediodía en el templo. Como no me quería perder nada, llegué antes de tiempo y busqué un hueco entre la gente. Llegar temprano fue una buena idea, ya que pude ver algunas danzas tradicionales que me parecieron muy interesantes, aunque la calidad del sonido dejaba mucho que desear. Las bailarinas no dejaban de sonreír de una manera relativamente natural. Me parecieron encantadoras. 





Después de las danzas, tocó una banda de música de estilo occidental bastante mala. Poco después de que terminaran, las figuras de los dioses empezaron a salir del templo. Ya los he visto varias veces, nunca me cansan. Son altos, imponentes, muy expresivos, estállenos de color, se mueven de una manera graciosa y si los ves desde lejos parecen de verdad. Son simplemente impresionantes. 





Estos dioses, conocidos como Santaizi, son relativamente nuevos en Taiwán
Esta diosa captó mi atención al momento, ya que lo femenino no es común en los desfiles 



Como se puede apreciar en las fotos, muchos dioses llevaban panecillos colgando del cuello, que repartían entre su público. Yo conseguí probar uno pero no me gustó, estaba duro como una piedra y no tenía sabor. 





Este tipo de desfiles siempre me recuerdan al Carnaval, ya que a pesar de ser puramente religiosos no tieneni una pizca de solemnidad. De hecho, son bastante caóticos, ruidosos, e incluyen strippers para llamar la atención. Entre el público abundaba la gente mayor, ya que lo tradicional no parece atraer a mucha gente joven en Taiwán. 

Una cosa que por supuesto no faltó fueron los petardos, que siempre se utilizan mucho en estas ocasiones. A mí me aterrorizan porque los echan en medio de la calle o de la carretera (que por cierto normalmente no se corta), muy cerca de la gente. 


¡Cuánto más ruido mejor!




Después de los dioses, aparecieron algunos dragones y leones, que cada vez son más escasos en Taipei. 







 


Pasé como mínimo dos horas disfrutando del espectáculo, que parecía infinito: leones, dioses y dragones procedentes de distintas ciudades taiwanesas se habían congregado para participar en este festival tan importante. Jamás pensé que podría suceder, pero acabé harta del desfile, y tenía miedo de que me diera una insolación tras haber pasado tanto tiempo bajo el sol. Así pues, decidí rendirme y volver a casa. Fue una sobredosis de religión, pero repetiría sin pensármelo dos veces. 


miércoles, 21 de mayo de 2014

Una de dioses, leones y dragones

Aún no llevaba un mes en Taiwán cuando tuve la suerte de ver un desfile religioso. Es prácticamente imposible no enterarte de los desfiles si pasan por el sitio en el que estás o alrededores, porque son muy ruidosos. 

Lo que vi no me decepcionó. Los primeros en  aparecer fueron los dioses, que yo siempre divido en dos categorías: los esbeltos y majestuosos y los bajitos, rechonchos y con cara de guasa. Por increíble que parezca, los taiwaneses (al menos las generaciones más jóvenes) no saben los nombres de la mayoría de ellos y algunos ni siquiera están seguros de a qué religión pertenecen, aunque ahora descubrí que son taoístas.


Al contrario que en España, los dioses se pueden mover como personas porque cuando desfilan son personas las que los conducen, o sea, las personas se disfrazan de dioses. Si estás cerca de ellos, podrás ver el agujero que tienen en la cintura para que la persona que está dentro pueda ver.

Su expresividad es enorme. Aunque sean bastante parecidos, al menos es fácil distinguir cuáles están relacionados con el inframundo y cuáles no. Los que echan la lengua, tienen la piel oscura y/o los colmillos afilados son dioses relacionados con la muerte, mientras que a los demás  se les atribuyen funciones varias, por ejemplo, ayudar para prosperar en los negocios, los estudios, etc. En mi opinión, lo más impresionante de su aspecto son los ojos, que siempre están muy abiertos. Mientras desfilan, mueven sus brazos enormes hacia adelante y hacia atrás, y si los ves desde lejos parecen totalmente reales.






Mientras desfilan, como los trajes de los dioses deben ser muy pesados, los hombres que los llevan a menudo dejan los trajes en el suelo para tomar el aire. Eso rompe un poco la magia. Al lado de muchos de ellos, va alguien para ayudarlos.




Normalmente, salen a desfilar desde su templo de origen al compás de las trompetas y los platillos, y vuelven horas después tras hacer un recorrido largo. Cuando vuelven a su templo, se acercan uno por uno a la puerta y bailan mientras algunas personas echan petardos. 

Hay unos dioses bajitos de cara rosada que se llaman Santaizi y chocan totalmente con la idea que los occidentales tenemos de un dios. Cuando llegaron al templo, todos hicieron una entrada triunfal, corriendo con una bengala en la mano. Su cara de infinita felicidad y picardía los hace especiales, pero a mí lo que más me sorprendió de ellos es que bailaron el Gangnam Style. Sí, hablo en serio. En Taiwán hay dioses que bailan el Gangnam Style.



Debo aclarar que yo los llamo dioses, pero ni siquiera tengo la certeza absoluta de que lo sean. En Taiwán la religión no es tan estricta como en Europa, y muchos de los templos son tanto  taoístas como budistas. Además, muchos dioses fueron humanos que existieron en la realidad, por ejemplo, antiguos héroes de guerra. 

Aparte de los dioses, también hay un grupo de gente que lleva mini altares que me recordaron a las procesiones españolas, aunque los dioses de los altares taiwaneses son muy son unas figuritas muy pequeñas y apenas se puedan ver desde fuera. 




Pero lo mejor, sin duda, son las danzas de los dragones y los leones. Antes de que los leones empiecen a bailar, un grupo toca los tambores, y cuando acaban los leones bailan haciendo acrobacias. Se necesitan dos personas para moverlos, y suelen ser chicos muy jóvenes y ágiles, morenos y de constitución delgada que por lo que me contaron pertenecen al grupo de gente que los taiwaneses llaman gánsteres (son los 台客 Tai ke de los que hablé en mi entrada anterior y que equivalen a los canis españoles). Me hizo mucha gracia ver el salero con el que se movían, por no hablar de los besos que se daban (de león a león) y que incluso pestañeaban de una manera muy cuca. Al final de su actuación, de su boca salió un mensaje escrito en una tira de papel.






Al lado del templo había una carpa pequeña en la que después alguna gente se reunió para comer y escuchar música en directo. 

Por último, debo mencionar una cosa que me llamó muchísimo la atención. Además de todas las cosas que ya he mencionado, en el desfile también había strippers bailando encima de un coche. Es de lo más vulgar y una prostitución de la religión, pero toda la gente que estaba allí parecía aceptarlo. Me dijeron que las contratan para que más gente le preste atención a los asuntos religiosos. ¿De verdad es necesario?