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jueves, 18 de agosto de 2016

23 de julio de 2016: Verano azul en la costa de Keelung

El parque de Chaojing es uno de esos tesoros escondidos para los turistas extranjeros en la costa norte de Taiwán. Eclipsado por otros puntos más turísticos como Yehliu, Chaojing es frecuentado por familias con niños para aprender sobre vida marina, de hecho, no está lejos del National Museum of Marine Science and Technology. 

Se encuentra a una hora de Taipei, en la mini ciudad costera de Keelung, famosa por su puerto y su Festival de los Fantasmas en verano. Las vistas se dan un aire con las formaciones rocosas de Yehliu, y pasamos un rato caminando sobre sus resbaladizas rocas, donde descubrimos bebés estrella de mar, pececillos, y cangrejos de tamaño considerable. En los alrededores se vendían cometas, y hasta tuvimos la oportunidad de ver y fotografiar unos loros que estaban cerca de la entrada con sus dueños, probablemente preparándose para algún show. No llegamos a enterarnos de por qué estaban allí, pero todos tenían cadenas y no me quise acercar mucho por miedo a convertirme en cómplice de algo condenable. 









Al terminar nuestro paseo condujimos hacia un mirador próximo, el Badouzi Wangyou Valley, que en realidad parece ser un conjunto de senderos y miradores con vistas al mar y las montañas. Al contrario que en el parque de Chaojing, apenas había visitantes y el ambiente era muy relajado, pues estaba en una colina. Las vistas eran de cinco estrellas: por un lado se podía ver el parque de Chaojing, por otro la ciudad de Keelung, y también el islote de Keelung, que todos confundimos con la isla de Guishan. Nos quedamos hasta el atardecer y nos despedimos de Keelung con unas vistas inolvidables. 






domingo, 17 de julio de 2016

Nueve de junio de 2016: Montaña y mar en Jinguashi y Bitou

Una pequeña excursión al pintoresco pueblo Jiufen nos llevó a descubrir nuevos paisajes una vez más. Se trataba de la cascada de Jinguashi, un pueblo minero cercano, y Bitou, un pueblo pesquero con unas vistas impresionantes. 

Nuestra primera parada fue en Buyenting, un mirador cercano a Jiufen sobre el que escribí hace unos meses. El paisaje había cambiado un poco: la hierba seca y amarillenta había desaparecido y el verde era protagonista. No nos pudimos resistir a hacer otra parada en Teapot Mountain, otro viewpoint precioso a tan sólo diez minutos en moto. 










Cuando por fin llegamos a Jiufen vimos un armonioso y cuidado cementerio en las montañas, muy diferente de los que había visto con anterioridad en Taiwán, que parecen abandonados y con el espacio mal repartido, como si hubieran sido construidos en un monte cualquiera de manera arbitraria. 





Tras dar una vuelta por las estrechas e interesantes calles de Jiufen y haber probado los famosos helados de bolas de taro en un restaurante (Agan Yi yuyuan, 阿柑姨芋圓) lleno de gente y mal olor pero con unas vistas envidiables, continuamos hacia la fundición de Shuinandong, una fábrica de fundir metales abandonada muy fotografiada en Jinguashi. También conocida como Thirteen Levels porque según algunas fuentes de Internet tenía trece plantas, fue construida durante la Ocupación Japonesa de Taiwán y parte de su historia es un tanto oscura: allí hacían trabajos forzados los prisioneros de guerra del gobierno japonés. Antes de llegar paramos en la catarata de Jinguashi, llamada Jinguashi Gold Waterfall en inglés y famosa por sus colores anaranjados causados por el agua tóxica de las antiguas minas de hierro y cobre. 









Nuestra última parada fue Bitou, un pueblo que había visitado hace más de dos años y que me había parecido el más bonito de todo Taiwán. Está a tan sólo quince minutos de Shuinandong y no me pude resistir a volver. Por el camino disfrutamos de las bonitas vistas de la costa de Nanya, cuyas formaciones rocosas guardan cierto parecido con las de Yehliu. Al llegar nos encontramos una estampa inesperada: la tranquilidad habitual del pueblo había desaparecido y en su lugar había un nutrido grupo de extranjeros haciendo una fiesta con música, un camping improvisado y barbacoa. Bitou es conocido por el Bitou Cape Park, pero apenas nos quedaba tiempo para admirar las vistas y volver a Taipei. Había alguna gente buceando e incluso nos encontramos a una pareja que se dedicaba a recoger erizos de mar para comerlos crudos. Nos enseñaron cómo les quitaban las espinas con una especie de rastrillo e incluso nos invitaron a probarlos y a cogerlos en las manos. Toda una experiencia. 








Para terminar una excursión larga e intensa, paramos a cenar en un rechao (熱炒) cercano a Keelung, donde entre otras cosas probé bebida de aloe vera, pescado crudo y camarones fritos. En los rechaos cada comensal tiene su propio bol, sin embargo no se sirven platos individuales: toda la comida es compartida. 



Aquí terminaron nuestras andanzas por Jinguashi y Bitou, dos sitios con encanto imprescindibles en cualquier viaje a Jiufen.