sábado, 19 de agosto de 2017

19 de agosto de 2017: Toiler on the Sea

Queridos lectores: 

¡Sigo teniendo TANTAS cosas pendientes por contaros! Pero he estado tan ocupada desde mayo que no doy abasto. Mi rutina diaria es la siguiente: llego a casa a las nueve de la noche todos los días y me levanto a eso de las 7:30 - 8:00. Cuando llego a casa, me permito un descanso de una hora escasa y me pongo a estudiar chino hasta la una o dos de la mañana y duermo una media de seis horas. Tal vez os preguntéis a qué se debe este ajetreado modo de vida si ni siquiera he empezado la universidad. ¿Para qué estudiar sin tener clase? Básicamente soy de esas personas que les gusta sufrir antes de llevarse el batacazo real. Por eso, desde julio estoy intentando coger la costumbre de estudiar por las noches, ya que cuento con la posibilidad de volver a casa muy tarde una vez empiece los estudios. Cada día, me preparo mi propio schedule y apunto las cosas que debo estudiar antes de acostarme. Lo más común es escribir 300 caracteres por noche, hacer una redacción, leer un artículo en chino, tratar de entenderlo y buscar las palabras que no sé, y por último ver al menos un vídeo en chino (normalmente dibujos animados, que se hacen más llevaderos y hablan con más claridad) y apuntar las palabras desconocidas para estudiarlas después. 

Empiezo las clases en la NTNU el once de septiembre y llevo meses estudiando, pero no fue hasta julio que empecé a ser más dura conmigo misma. Ahora, siento que el tiempo se me escapa de las manos. A medida que se acerca el momento me pongo más nerviosa. Estoy tan familiarizada con el sistema educativo taiwanés que literalmente siento pánico. Es como ser concursante en un programa del estilo El rival más débil. Por momentos me siento orgullosa y segura de mí misma, y en un segundo todos esos sentimientos se esfuman y vuelven mis viejas inseguridades. Aún no he empezado la carrera y me estoy quedando calva del estrés. Mi objetivo es ser aceptada en el grupo C, pues ya os conté que en mi carrera, Chinese as a Second Language, nos dividen en tres grupos dependiendo de nuestros niveles. El grupo C es el de nivel más alto. 

Además, yo tengo un puntillo extra de presión porque fui recomendada por una profesora de la facultad para que me aceptasen. Le prometí que iba a ser trabajadora, le aseguré que era consciente del gran desafío que supone la carrera y que estaba preparada para afrontarlo, y puesto que ella apostó por mí tengo la obligación de demostrar que hizo lo correcto. Pero también quiero probar que he sido aceptada porque valgo y no por tener ciertas conexiones. Por otro lado, saber que mis compañeros serán japoneses y coreanos en su gran mayoría tampoco ayuda, porque ellos están acostumbrados a sistemas educativos duros desde la infancia y siento que me llevan cierta ventaja. 

Estoy empeñada en dar lo mejor de mí misma y siento que nada de lo que hago es suficiente. Nunca antes en mi vida había estado tan segura de que quería algo. Por eso escogí Toiler on the Sea como título de esta entrada. Toiler on the Sea es una canción de The Stranglers que parece carecer de sentido, pero básicamente narra un viaje en el mar. Toiler significa "trabajador tenaz", que es precisamente como me siento yo ahora; y al igual que los protagonistas de la canción me enfrento a un "viaje" que me traerá no pocas cosas inesperadas (auque yo me desviva por prepararme). 

Escuchad la canción. Tal vez parezca una parida al principio, pero es original como ninguna y transmite mucha vitalidad. 




jueves, 27 de julio de 2017

26 de julio de 2017: update sobre mi estrambótica estadía en Mirador Mansion

Queridos lectores, puesto que ayer os di la lata con el marrón de mi penosa estadía en Mirador Mansion, qué menos que contaros el desenlace. 

La misma noche que escribí la entrada sobre Mirador Mansion, la pasé enteramente despierta para asegurarme de que las cucarachas no me atacaban mientras dormía. Así que pasé horas sentada en el centro de mi cama, y aparecieron tres cucarachas: la primera otra vez cerquísima de mi cama; la segunda en el suelo; y la tercera nada más y nada menos que en la ducha. Fue una noche durísima y sobre todo incómoda, pero estaba pensando en repetir todo la noche siguiente y pasar la noche del 26, o sea la de hoy, durmiendo en el aeropuerto. Pero al final decidí que la situación era inaceptable y a las ocho de la mañana llegué a la conclusión de que no podía soportar más aquello. Busqué el hotel con los comentarios más favorables en la zona de Tsim Sha Tsui, me preparé como pude para salir hacia allí y reservé la habitación por dos noches inmediatamente. Me salió caro (casi cien euros por noche) pero necesitaba recuperar mi salud mental y, sobre todo, sentirme segura. Cuando volví a Mirador Mansion le dije a la dueña que me quería ir. Su cara quedó inexpresiva, y lógicamente no hubo oposición ni preguntas. De hecho, cuando estaba a punto de irme, tuvimos una conversación y he de confesar que me ablandé. Primero le pregunté de donde era (en Hong Kong he aprovechado para practicar chino con gente de ciudades muy diferentes, así que me interesaba su procedencia) y me contestó que era de Hong Kong, pero su acento chino la delataba y me negué a creerlo. Se rio y me dijo que en efecto ella es china pero lleva en Hong Kong más de treinta años. Nos reímos. Me pidió perdón por las cucarachas y me dijo que habían hecho unos arreglos en la habitación vecina y que eso probablemente había afectado, porque las demás habitaciones estaban libres de cucarachas. Recordé las bolsas de basura que había visto tiradas al lado del ascensor y no me lo creí, pero aun así no me sentí capaz de odiarla. En realidad, sentía compasión: vivir en un sitio como Mirador Mansion no es fácil. Aunque para alguien de Hong Kong un sitio así sea "lo normal", es innegable que la actitud de la gente que vive allí y la de otra que está en zonas más agradables es completamente distinta. Obviamente, si ella ha tenido el dinero para comprar terreno en Hong Kong es una persona con medios, pero me pareció que eso es una maldición más que una bendición. Yo, personalmente, preferiría ser pobre y vivir en otro sitio. 







Mi nuevo hotel, Attitude, me parece casi un lujo. Tiene una decoración que es el sueño de todo hipster y los empleados se deshacen en atenciones conmigo. Fijaos en la foto de la cisterna. 






Esta tarde me he reconciliado con Hong Kong. Ayer estaba muy decepcionada y a punto de incluirla en mi lista negra, pero hoy todo cambió. Este viaje me ha dado una valiosa lección. Cuando llegué a Hong Kong lo hice convencida de que no tendría ningún problema para sobrevivir. Creía que por haber estado en un par de países y saber chino nada se antepondría en mi camino. Ahora entiendo que estaba equivocada y que necesitaba una buena dosis de humildad. Por eso no me arrepiento de absolutamente nada de lo que ha pasado, me siento en paz e incluso contenta y apenada por irme. Hoy, mientras disfrutaba de la Symphony of Lights, sentí que Hong Kong formaba parte de mí, que me había hecho madurar. Fue un placer hacer todo por mí misma, enfrentar nuevos desafíos y descubrir que viajar sola, al contrario de lo que siempre había creído, es una gran satisfacción. Estoy muy emocionada y eternamente agradecida. Como ya he dicho antes, Hong Kong no es la ciudad de mis sueños. Pero tiene un algo, un sabor único que de alguna manera cautiva a los extranjeros. Volveré. 





martes, 25 de julio de 2017

24 de julio de 2017: mi estadía infernal en Mirador Mansion, Hong Kong

Queridos lectores, los que me habéis seguido fielmente a lo largo de estos cuatro años seguramente habéis notado que soy una obsesa con las fechas. Independientemente del tiempo que haya pasado, publico mis entradas en orden cronológico, ya que en un principio mi blog fue pensado en formato diario. Sin embargo, por una vez he decidido hacer una excepción y compartir con vosotros mi desastrosa experiencia en Hong Kong, donde todavía estoy en estos momentos.

Empecemos por el principio. Me vine a Hong Kong cinco días más por obligación que por diversión. Tenía que arreglar unos papelillos (¡maldita burocracia!) y Hong Kong era el destino más cercano. Como estoy a punto de convertirme en estudiante y mi precaria situación económica me preocupa tanto que literalmente me está cayendo el pelo, (mi carrera es muy cara) decidí alojarme en un hostal (el típico hostal asiático con lo mínimo: una habitación donde solo cabe la cama y el baño de ducha sin mampara). Bien. Mi hostal se encuentra en un edificio "emblemático" de Hong Kong: el Mirador Mansion, que es muy parecido a su vecino Chungking Mansion. Ambos son construcciones muy viejas y decadentes habitadas, en su gran mayoría, por inmigrantes indios. En teoría son residenciales, pero en la primera planta hay algunas tiendas de productos indios (una de ellas incluso se especializa en saris), así que también se podría interpretar como una especie de bazar. 

Llegué a Hong Kong ayer a eso de las dos de la tarde. Por primera vez en cuatro años, hice un viaje yo sola. Había estado en Hong Kong antes, y aunque no es la ciudad de mis sueños intenté ponerle buena cara. Venía sin miedo y con ganas de conocer otros aspectos de la ciudad que había pasado por alto en mi primera visita, que fue bastante turística y superficial. Vine con entusiasmo, pero en cuanto llegué a la estación de metro de mi hotel me vine abajo de pronto. Se me había olvidado lo duro que es vivir en una ciudad como Hong Kong. Me sentí igual que mi primera vez en Taipei: sola, vulnerable e increíblemente torpe. Mi estación de metro, Tsim Sha Tsui, es una de las más grandes de Hong Kong y con más tránsito. ¡Parece un aeropuerto! Me sentí abrumada al momento y era difícil no chocar con la gente que no dejaba de ir y venir. Por suerte, encontré el edificio de mi hotel sin problemas y mantuve la calma cuando vi el espectáculo que tenía ante mis ojos. Lo que vino a continuación fue surrealista: el ascensor no funcionaba bien (o yo no lo entendía, probablemente fuera eso) y me perdí dentro del propio edificio, que no solo tenía un único hotel como yo creía, sino una decena de ellos. Di vueltas, pasé del ascensor, subí las putrefactas escaleras, me paseé entre tiendas de trajes hechos a mano de aspecto caduco y seguí tranquila. Pensé que Hong Kong es así, y que solo puedo aceptarlo. No estaba sorprendida e intentaba ignorar la basura que me rodeaba. 




En el hostal (o tal vez debería llamarlo hotel, ya que en realidad en Agoda figura como tal) las cosas no fueron a mejor. La chica que me atendió fue la única que me inspiró un poco de confianza pero ¡sorpresa! mi habitación estaba ocupada y me pidieron que esperase hasta las seis. Yo contesté amablemente que no podía esperar y que el check-in se podía hacer a partir de las dos. La chica llamó a su "jefe": un hombre indio vestido como si viniera del bar que ni se molestó en saludarme. Aunque no entendía la conversación, sus caras de fastidio dejaron en evidencia que no tenían ninguna alternativa para mí. Más tarde apareció la dueña, que al parecer es china y con quien me pude comunicar. Me ofreció otra habitación provisional para descansar, pero sin llaves, así que mantuve mi maleta fechada con candado y no me acomodé. La habitación era extremadamente fiel a las fotos que había visto cuando hice la reserva, pero aun así he de admitir que me sentía terriblemente incómoda. He estado en muchas habitaciones pequeñas antes, pero esta era realmente intolerable, así que después de descansar una hora más o menos, salí a tomar el aire e intenté deshacerme de las malas vibraciones que me había dado aquel sitio. Se me olvidó contar que suciedad y decadencia aparte, la entrada del edificio está llena de indios que se pasan las horas en las esquinas sin hacer nada, mirando a la gente y parándola por la calle para ofrecerles "cosas" (aclaración: no soy racista ni tengo nada en contra de los indios. Juzgo a las personas por sus actitudes, no por el color de su piel). 

Estaba triste, tenía una morriña impresionante y me sentía increíblemente sola y desprotegida. Por suerte estas sensaciones se suavizaron un poco cuando fui de paseo y encontré algunas cositas interesantes en ciertas tiendas. Pero me volvieron a dar problemas. Resulta que el hotelucho tiene dos áreas: una es la nueva y otra la vieja. Las fotos de Agoda son todas de la zona nueva pero a mí, sin previo aviso, me metieron en la zona vieja y cuando vi mi "habitación" casi me desmayé del espanto. No voy a describir la suciedad y lo viejo que estaba aquello. Me sentí al borde de un ataque de nervios. Me senté en la cama y miré al infinito, temblando. Aquel era un sitio de pesadilla. No aguanté más de una hora allí sin pedir un cambio. La dueña del hotel no levantó su mirada del teléfono cuando le hablé, hizo una mueca de fastidio y se quejó de que en la zona nueva había una habitación disponible "desde el principio" pero no me la dieron porque yo había dicho que mi reserva era para una habitación de dos camas. Me trató como una molestia en todo momento, me dijo que no pidiera otro cambio, e hizo muecas de desagrado. Comprendí que era de esas personas que no quieren ser molestadas y que allí no podía contar con nadie. Una vez en mi nueva habitación, seguí sintiéndome fatal toda la noche. No dejaba de pensar en aquella mujer de pesadilla. Tenía miedo de que apareciera de repente porque en realidad mi habitación pertenecía a otra persona y me mandase de vuelta a la zona vieja. Estaba temblando y no era capaz de dormir. El edificio del hotel y su gente eran tan "precarios" que no me sentía segura ni cómoda. Se me había metido en la cabeza que en cualquier momento aparecerían para echarme o que alguien forzaría la puerta para robarme o incluso acuchillarme mientras dormía. La mala organización me tenía con el alma en vilo. Estaba en una tierra sin ley y sabía que podrían hacer lo que les diera la gana conmigo. Mirador Mansion es un sitio donde reinan el pasotismo, la suciedad y el descontrol. Estuve aturdida y nerviosa toda la noche, no me atrevía a acostarme en la cama y me sentía totalmente fuera de control. Por si esto fuera poco, las paredes parecían de papel: no había demasiada intimidad y me obsesionaba la idea de que no estaba sola. También me sentía atrapada por el tamaño de mi habitación: vestirse, desvestirse y lavar la cara fueron tareas arduas. 

Pero lo mejor llegó por la mañana. Me desperté convencida de que la noche anterior mis preocupaciones habían sido pura paranoia. Estaba preparándome para una ducha cuando de repente descubrí que había una cucaracha correteando muy cerca de mi cama. Entré en pánico, pero al poco desapareció e intenté ignorar lo que había pasado. De repente la cucaracha estaba en mi cama. Fui a buscar a la dueña para exigir que quitase aquello de allí. No la encontré por ningún lado. Me quedé como una tonta en el pasillo, esperé. Apareció, y le conté lo que había visto. Reventé a llorar desconsoladamente y no osé entrar en mi habitación. Chillé al ver la cucaracha, y la dueña me dijo que no entendía mi reacción porque las cucarachas son "lo más normal del mundo". La aniquiló sin esfuerzo y cambió las sábanas. A mí me costó recuperarme del shock y empecé a buscar otros hoteles, pero tuve que abandonar. La media estaba en cien euros la noche y no me lo podía permitir de ninguna manera. Me planteé la posibilidad de volver a Taiwán antes de tiempo, pero era demasiado tarde para cambiar las fechas. Y ahora aquí sigo. El resto del día ha sido un gran fiasco, nada me salió bien, estoy agotada física y emocionalmente e ideando planes para quedarme despierta toda la noche y vigilar que no hay cucarachas en mi cama o dormir en el centro de la cama, sentada. 

Por otro lado, he sido capaz de sacar algo positivo de esto: me he dado cuenta de que Taiwán es un diamante en bruto y de que Hong Kong es la ciudad más idealizada y sobrevalorada de Asia. Ya fuera por la emoción de la primera vez o por el hecho de que me alojé en un sitio infinitamente superior a la pocilga donde estoy ahora, en mi anterior viaje no me di cuenta de la verdadera cara de Hong Kong. Es un sitio horrible, simplemente HORRIBLE. En Taiwán la gente es amable, educada, limpia y se preocupa por el binestar de los demás. Nunca me tengo que preocupar por nada. No me llega la hora de volver a mi precioso país y olvidar esta pesadilla para siempre. 

Para dejar las cosas claras, os comento que el "hotel" se llama Hung Kiu y está en el piso ocho de Mirador Mansion. Haceos un favor y si algún día decidís venir a Hong Kong gastad los cien euros que cuesta una habitación en un hotel decente o tendréis unas vacaciones clautrofóbico-paranoicas como las mías. Para terminar con la entrada os dejo estas maravillosas fotos, porque sé que las imágenes son mucho más poderosas y yo me quedo muy escasa de palabras. Mi novio lo ha descrito como un "campo de refugiados", y yo le doy la razón. En las fotos se ven el mostrador del "hotel", los pasillos de la planta ocho, y por último mi habitación en la parte vieja. Pasen y vean. 









domingo, 25 de junio de 2017

Uno de octubre de 2016: Quietud en el Templo del Caballo Blanco

Después de una peculiar visita al cementerio de Zhonghe, el padre de mi novio nos llevó a un templo de los alrededores, cuya estructura había llamado mi atención otras veces que merodeé por la zona. Se llama Templo del Caballo Blanco (白馬寺 Baima si) y al parecer solo es conocido por los habitantes de Zhonghe y por la gente más devota. Supongo que esto se debe a su ibicación en las montañas, que en realidad no es nada fuera de lo normal, ya que los templos taiwaneses están literalmente en todas partes. Aun así está medio "escondido" y eso contribuye a que sea lo que muchos turistas llaman una "hidden gem". Por eso, me pareció un remanso de paz en comparación con los ruidosos templos de Taipei centro, que a veces hasta tienen mercadillos que los rodean. 

Sin ánimo de ser cruel, el Templo del Caballo Blanco tiene una elegancia y sencillez que sobrepasa con creces la de la gran mayoría de templos que he visitado en Taiwán. No se puede encontrar mucha información sobre él online, pero a mí me pareció un híbrido de templo taiwanés y japonés (tal vez mucho más japonés que taiwanés). Se veía muy nuevo y estaba impoluto,  pero lo mejor de todo es que allí no había ni un alma. Según la información que encontré en un blog, se construyó en el año 1968 (parece mucho más nuevo y en otros blogs lo sitúan en 1974, así que tal vez se empezasen las obras en 1968 y se inaugurase en 1974) y está dedicado al Buda Shakyamuni. En cuanto llegamos me sentí extraña. Era como si nos estuviéramos colando en la casa de alguien importante: poco le faltaba para parecer una mansión. 









En los blogs también cuentan que el templo se construyó en las montañas de Nanshijiao (una parte del distrito de Zhonghe) porque en esa zona ya existían otros templos importantes (como el de Hongludi) y así tal vez podrían convertir esas montañas en un área de peregrinación. Aunque llama la atención por su diseño y sus dimensiones, lo más extraño de este edificio es que cuenta con un chozuya, que se podría definir como un pequeño pabellón de abluciones para purificarse antes de adorar a los dioses. Se encuentran en todos los santuarios sintoístas y en muchos templos budistas japoneses, pero se trata de una costumbre japonesa y esta fue la primera vez que vi uno en Taiwán. 



A menos que contéis con un buen amigo taiwanés que esté dispuesto a daros una vuelta en moto, la única manera de llegar al templo es en taxi desde la estación de metro de Nanshijiao (南勢角). Lo ideal si no habláis en mandarín es enseñar al taxista la dirección del templo en chino (新北市中和區興南路三段40巷26號). Para cerrar esta entrada, os dejo este link con fotos en las que se pueden apreciar las dimensiones del Templo del Caballo Blanco. 


domingo, 18 de junio de 2017

Uno de octubre de 2016: bullicio en el cementerio

Era una calurosa tarde de octubre. El padre de mi novio nos había propuesto que lo acompañásemos al cementerio a visitar la tumba de su madre y mi respuesta fue muy entusiasta. Me fascinan los cementerios de todos los países, y las tumbas taiwanesas en concreto porque tienen un diseño muy particular. No me imaginaba la estampa con que me iba a encontrar al llegar allí. 

El cementerio que visitamos se encuentra en el distrito de Zhonghe, y se llama 納骨堂 Nagutang. Esperaba tranquilidad, pero al llegar me quedé en shock. Parecía un mercado. A la entrada del edificio había una carpa con mesas donde se habían reunido familias con sus ofrendas. Charlaban animadamente mientras las preparaban y además las dejaban despreocupadamente sobre la mesa mientras se iban a otro lado. Incluso había un escenario con monjes rezando o cantando en alto con un micrófono y algunos fieles se unían a ellos. 





A día de hoy sigo sin tener claro qué clase de celebración era aquella, pero al parecer se trata de un festival que se hace cuatro veces al año, una vez por cada estación. Pero solo uno está dedicado a honrar a los antepasados, el que coincide con otoño y que se llama 秋祭 qiu ji. Normalmente, en Taiwán se escoge una fecha cercana al Doble Nueve, aunque en una fuente que encontré en inglés afirman que se hace en el mismo día y que en chino "doble nueve" es un homófono de "eterno", por eso se decidió venerar a los ancestros en esa fecha. Debe haber mucho más detrás, pero nadie ha sabido explicármelo, de modo que me he valido de dos fuentes en chino para informarme. Están aquí y aquí

Las ofrendas a los muertos en Taiwán casi siempre son comida y dinero fantasma, que según sus creencias los difuntos pueden usar en el Más Allá. Cuando llegamos, buscamos un huequito para nuestras propias ofrendas, seguí a mi novio y su padre y observé sus movimientos. Primero, cogieron tres palitos de incienso y ofrecieron uno a cada dios que había allí. Solo pude identificar a uno de ellos, el famoso Tudigong o Dios de la Tierra. 

Después, entramos en el edificio, ya que en lugar de las típicas tumbas de montaña este cementerio era interior. Las tumbas tan solo eran hileras interminables de pequeñas urnas que contenían las cenizas de los muertos. Para abrirlas, había que pedir las llaves y enseñar una identificación para demostrar los lazos familiares. Me chocó inmensamente ver aquello, y llegué a la conclusión de que los taiwaneses mueren de la misma manera que viven: apelotonados. En las urnas, además de las cenizas hay una foto en blanco y negro y también unas palabritas que supongo que serán epitafios o algo relacionado con religión. Una vez abierta la urna de la abuela de mi novio, ambos hicieron una pequeña reverencia, se quedaron en silencio un par de minutos y nos fuimos. Mientras salíamos del edificio me explicaron que el incienso no solo era una ofrenda, sino también una manera de medir el tiempo: cuando el palito ya está quemado por la mitad, es hora de volver a casa. No hice ninguna foto del cementerio por dentro en señal de respeto, así que he tomado esta foto prestada de esta página web



Pero antes de irnos hicimos una cosa más. Yo había observado que todas las familias tenían unas misteriosas bolsas rojas de papel cuyo contenido me intrigaba un montón. Pronto supe de qué se trataba. Las daban en el cementerio y se usan para depositar las ofrendas de dinero fantasma, pues ese día era tanta la gente con ofrendas que el quemador no daba abasto. Así pues, fui testigo de cómo las preparaban: primero, se deposita el papel fantasma en las bolsas. Después, se escribe el nombre de la persona que envía el dinero y el de la persona que lo va a recibir. Cuando está todo listo, la bolsa se deposita en una especie de contenedor común a la espera de ser quemado. 




Esta experiencia fue una de las más memorables que tuve en Taiwán en mucho tiempo, y espero repetirla algún día. Es curioso cómo un acto que para los europeos es de lo más solemne es tan estrepitoso en Taiwán. 


Preparativos para la universidad: cómo me preparé para ser aceptada en la carrera de chino de la NTNU

Ahora que todo ha terminado, y aprovechando el mal tiempo que asedia a Nuevo Taipei desde hace una semana, os voy a contar mis andazas estos últimos meses y el por qué de mi repentino abandono del blog.

En realidad esta historia se remonta a mucho atrás, concretamente el 2014. Por aquel entonces yo estaba en el segundo cuatrimestre de mi intercambio en la National Taiwan Normal University (NTNU) de Taipei y ya había decidido que quería que Taiwán fuese mi hogar para siempre. Pero necesitaba una "excusa" para quedarme, y la encontré un buen día en clase de italiano. Una compañera española me comentó que ella no era estudiante de intercambio, como yo había asumido desde que la conocí, y me contó que estaba haciendo la carrera de chino para extranjeros en la universidad. En ese momento vi la luz. Al salir de clase me dirijí inmediatamente al Centro Chino o MTC, donde yo también era estudiante, y pregunté por la carrera. Ellos se limitaron a darme un panfleto y el prospectus, y volví a casa con una alegría inmensa, aunque decidí no compartir mi idea con nadie por algún tiempo y preferí informarme antes en la ORI, la Oficina de Relaciones Internacionales. Ellos me explicaron todo lo relacionado con la carrera, me aconsejaron y también me advirtieron que es difícil entrar, pues el proceso de selección es diferente al español y solo se aceptan 50 estudiantes cada año (normalmente reciben unas cien solicitudes). Aunque no se hace selectividad, es recomendable tener algo que te avale, y pusieron énfasis en que hiciese el examen TOCFL (Test of Chinese as a Foreign Language o 華語文能力測驗 huayuwen nengli ceyan), un examen de chino que me daría el empujoncito que necesitaba. Cuando esto sucedió, el plazo para matricularse en las asignaturas del segundo cuatrimestre aún estaba abierto, así que no me lo pensé dos veces y me apunté a la clase Chinese Dialogue de la NTNU para hacerme una idea de cómo era la carrera. Fue la decisión más acertada que podría tomar y me abrió las puertas de la universidad en el futuro, pero de aquella no tenía ni idea. 

El nombre completo de la carrera en inglés es Chinese as a Second Language (華語文教學系 Huayuwen jiaoxue xi) y fue fundada en 2007. Podría decirse que es parecida a una filología. Los dos primeros años se dedican al aprendizaje del idioma mientras que durante los dos restantes se enseña historia, literatura y cultura de China y Taiwán. Hay muchas asignaturas interesantes como caligrafía china, traducción básica chino - inglés, Business Chinese, y Traditional Taiwanese Festivals. Aunque para mí la más bizarra es Chinese Traditional Dietary Culture. La carrera es muy completa y, sobre todo, muy exigente. En lugar de hacer selectividad, los alumnos potenciales deben matricularse directamente y enviar cierta información a la universidad para que los profesores de la facultad decidan quiénes merecen ser aceptados y quiénes no. Además, una vez comienza el curso, los estudiantes son divididos en tres grupos: A, B y C, siendo el A el grupo con el nivel más bajo, mientras que el B corresponde, grosso modo, con un nivel intermedio alto y el C con el nivel alto. Si el rendimiento de los estudiantes es bueno, pueden ascender de nivel.  Al tratarse de una carrera exclusiva para extranjeros, el Departamento (o facultad, según se mire) de Chino como Segunda Lengua presume de ser el más multicultural de Taiwán. Podéis leer más información en español sobre la carrera aquí


El TOCFL, sobre el que hablaré con detalle en una entrada futura, solo se hace dos veces al año en Taipei, en mayo y noviembre, así que unos meses después de ir a la ORI hice el examen, convencidísima de que aprobaría porque había hecho los exámenes de prueba de su página web y me habían parecido extremadamente fáciles. Craso error. Suspendí y me sentí avergonzada y decepcionada. El examen resultó mucho más difícil que las pruebas online y abandoné la idea de la universidad: no estaba preparada. Y en efecto, ahora miro hacia atrás y la seguridad que tenía en mí misma me parece casi infantil. ¡Había estado estudiando chino por tan solo nueve meses y pretendía aprobar un TOCFL!

Dejé que pasaran unos años, el asunto de la universidad me daba pereza. Llevaba una vida cómoda y no me apetecía abandonarla para llevarme otra decepción. Aun así, la idea rondaba mi cabeza vagamente. De repente, el 26 de agosto del año pasado, reaccioné y tomé la decisión de golpe. Volví a pensar en la universidad y me alarmé, ya que los TOCFL no tienen tantas plazas y temía que ya estuvieran llenas para el examen de noviembre. Era por la mañana y estaba en el bus de camino a Yonghe. En cuanto llegué a mi destino, busqué las fechas de los exámenes como si me fuera la vida en ello y me llevé una alegría, ya que el plazo para alistarse ni siquiera estaba abierto todavía. Me apunté las fechas y además me alisté a otro examen, también un TOCFL, llamado pilot test, cuya única diferencia respecto al examen que hice más tarde fue que no contaba, es decir, no era oficial sino un examen para tener una idea del nivel y también para familiarizarse con el sistema.

Los siguientes meses los pasé como una monja en el claustro (por eso no hay entradas sobre septiembre y muy pocas de octubre) y solo viví para estudiar. Se convirtió en algo obsesivo y hacía todo tipo de prácticas de lectura con periódicos (normalmente me decantaba por el sensacionalista Apple Daily, que es una basura pero trata noticias que puedo entender con mi nivel de chino) y vídeos de Youtube en este canal, que usa un montón de slang con el que no estoy familiarizada. Solo escuchaba los vídeos, jamás los veía para no tener "pistas". Intentaba que mis prácticas fueran lo más difíciles y parecidas al examen posible. Por las noches, veía dibujos animados en Youtube, y apuntaba todas las palabras que no sabía para estudiarlas después en una senda lista de vocabulario. También repasé todos los caracteres que había aprendido durante mi etapa en el MTC, y compré dos libros más. Hice las prácticas de la página del TOCFL otra vez y me puse límite de tiempo para contestar a las preguntas (igual que se hace en el examen) y también hice los exámenes de HSK, otro examen de chino que procede de China y que se divide en seis niveles (yo hice los niveles cuatro, cinco y seis y me resultó un poco difícil porque no entiendo bien el chino simplificado). A pesar de mis esfuerzos, las pruebas que hacía en casa siempre me daban suspenso o notas mediocres. Solo me sentí un poco más aliviada cuando aprobé el pilot test en octubre, pero seguí estudiando como si nada pasara hasta que una amiga vino a visitarme a finales de mes.  

Habíamos reservado un viaje a Seúl y poco después de ello me di cuenta de que las fechas coincidían con el examen "formal" de TOCFL. Se me cayó el alma a los pies. Al final, tuve que apoquinar 8000 NTD (más de 200 euros) para cambiar las fechas y llegué a Taipei tan solo una noche antes del examen, que no solo aprobé sino que además lo hice en el nivel que quería.


Un mes después, en diciembre, abrió el plazo para alistarse en la carrera, que está abierto hasta el último día de marzo. Aparte de descargar el prospectus de la página web de la NTNU, que explica el proceso para matricularse en todas las carreras, lo ideal es preguntar en la ORI, donde siempre están dispuestos a dar algunos consejillos. Yo ya había visitado antes de hacer el examen. Allí me explicaron el proceso de selección y me ayudaron a entender el perfil de estudiante que buscan en el departamento de chino. Mostrar ambición es imprescindible, transmitir que uno es trabajador es indispensable; y haber estudiado en el MTC ayuda mucho, ya que pertenece a la universidad. Un buen expediente académico también es primordial, y precisamente ese era mi punto flaco. Es una grado muy exclusivo y los profesores no están dispuestos a aceptar a cualquiera, sino a gente con potencial y que pretenda utilizar el chino a lo largo de su carrera. Pronto comprobé que era cierto en una especie de interrogatorio que me hicieron más tarde. 

Así pues, aparte de matricularse online, es necesario enviar todo esto por correo a la universidad: 

- Un financial statement (para demostrar que se pueden cubrir los gastos de vivir en Taiwán. Se puede usar la cuenta bancaria de otra persona, que debe firmar un papel haciéndose responsable) 

- Copias de expedientes académicos de la ESO y bachillerato (los profesores les dan mucha importancia, pues a través de ellos se hacen una idea de si los estudiantes son trabajadores o no. Deben ir acompañados de una traducción jurada al chino o inglés) 

- Copia de título de bachillerato (con traducción jurada) 

- Plan de estudios (para explicar los motivos de la elección de grado y universidad, dar a conocer los planes del estudiante tras graduarse, y hablar del background del estudiante, es decir, de los estudios previos. Es la oportunidad perfecta para venderse. Puede estar en chino o inglés) 

- Dos cartas de recomendación 

- Resumé 

- Autobiografía (se recomienda hacerla en chino y a mano, pues la idea es que los profesores evalúen al alumno) 

- Chinese proficiency certificate o una explicación de la anterior experiencia de aprendizaje en chino (yo incluí una copia del diploma de mi TOCFL y el expediente académico del MTC) 

- Grabación de audio de un minuto en chino 


Como podéis ver, uno de los requisitos son dos cartas de recomendación y, guiada una vez más por la ORI, pedí las cartas a dos de mis antiguas profesoras de chino, por dos motivos: el primero, que un profesor taiwanés siempre tendrá más influencia que un desconocido, el segundo, que muchos de los profesores del MTC también dan clase en la universidad, y eso facilitaría mucho mi entrada porque sería recomendada por un profesor de la propia facultad. Una de las cartas la pedí a mi antigua profesora del MTC, la que me pareció mas veterana e influyente. Otra la pedí a la profesora que había tenido en la universidad cuando iba a clase de Chinese Dialogue, y quise verla en persona. De esta manera, ella podría ver con sus propios ojos que merecía su ayuda. No fui a su oficina con más pretensiones que esas: ser convincente y que al menos al verme se acordase de mí, ya que habían pasado muchos años. Tardó un poco en reconocerme, pero una vez lo hizo me dio una bienvenida muy calurosa y, después de hacerme un pequeño interrogatorio para testar mi actitud (intentó asustarme asegurando que es una carrera muy dura con unos profesores súper estrictos, que muchos renuncian y que además es muy cara), me anunció sonriendo que le parecía que estaba más que preparada para la carrera porque tenía un buen nivel de chino, había mejorado de una manera espectacular y no me daba miedo el trabajo. Ella me aseguró que mucha gente es aceptada con un nivel mucho más bajo y bromeó diciendo que "si solo aceptásemos a los alumnos con más nivel, en este departamento solo habría vietnamitas". Yo le dejé caer que mis expedientes académicos eran mediocres, y ella admitió que las buenas notas son muy importantes pero al tratarse de una vieja conocida yo tenía las puertas abiertas. La guinda en el pastel fue cuando una de sus compañeras pasó por nosotras y ella dijo "mira, te presento a nuestra futura alumna". Fue un día muy feliz para mí. 


Pronto empecé a preparar el papeleo. Aproveché un viaje a España para hacer mis traducciones juradas allí, ya que los traductores que contacté en Taiwán solo me daban respuestas automáticas y me parecieron muy poco profesionales. Pronto estuvo todo listo y a pesar de la pereza que había sentido hace unos meses, lo cierto es que disfruté con algunos de los preparativos, por ejemplo, con mi plan de estudios. Me sentía más motivada y con más ganas de estudiar que nunca. Lo único que me dio dolor de cabeza fue la biografía en chino, en primer lugar porque no sabía si los profesores buscaban un texto corto e informal o un texto más formal y largo. Al final me decanté por lo simple y breve e hice una biografía de una página y media. Primero la redacté en el ordenador y después de perfeccionarla me dispuse a escribirla a mano. Esta fue la parte complicada. Creo que las primeras impresiones son cruciales, así que antes de dar el paso y empezar la versión a mano, practiqué todos los caracteres con los que no estaba familiarizada del todo. Practiqué durante días (exámenes caseros incluidos) hasta que los dominé, pero cada vez que llegaba la hora de escribir me ponía demasiado nerviosa: un solo fallo me obligaría a tirar a la basura todo lo que ya había escrito y volver a empezar. Me lo tomaba tan en serio que me bloqueba y hasta los caracteres más básicos se me olvidaban o los escribía mal. Fue un caos. 

Cuando por fin estuvo todo listo, escogí un día para entregarlo en persona en la ORI. Como ya había empezado febrero, decidí escoger una fecha que me parecía "auspiciosa": el ocho de febrero. El mismo día hacía cuatro años había ido a mi antigua universidad a entregar los papeles para solicitar el intercambio con la NTNU, así que me pareció un día de buena suerte. Después, solo quedaba esperar hasta el doce de mayo, día que anunciarían la lista de alumnos seleccionados. Me lo tomé con calma al principio, pero he de admitir que en la última semana estaba impaciente. El doce de mayo a las 00.00 por fin recibí la buena noticia de mi admisión en el departamento de chino, y empezaré las clases el once de septiembre. 

Lo que empezó como una mera excusa para alargar mi estancia en Taiwán se ha convertido en mi gran sueño y motivación. Y aunque sé que esta entrada me ha quedado demasiado larga, quiero cerrarla con una anécdota que me persigue estos últimos años. Antes de plantearme si quiera la posibilidad de ser estudiante de intercambio en Taiwán, en diciembre de 2012, una amiga y yo estábamos charlando en la biblioteca de la universidad. Ella me comentó que le gustaría aprender chino porque es la lengua del futuro. Mi respuesta fue la siguiente: "¡Estás loca! el chino es un idioma imposible, hay que memorizar miles de caracteres. Yo nunca jamás intentaré aprender chino". Imaginaos la risa que me da cada vez que recuerdo mi rechazo absoluto a aprender un idioma que ahora forma parte de mí. He conseguido más de lo que jamás podría haber soñado y me siento inmensamente orgullosa. No me llega la hora de empezar mi nueva vida y perfeccionar el idioma que amo y que ha mejorado mi autoestima y motivación a niveles agigantados. 

sábado, 17 de junio de 2017

21 de agosto de 2016: de vuelta en Yangminshan

Yangminshan, uno de los parques nacionales de Taiwán, es tan extenso que es posible visitarlo a menudo sin aburrirse. Esta vez aprovechamos una tarde soleada para conocer Xiaoyou keng, uno de los hot spots de la zona, famosa por su actividad volcánica. 

Una vez en Yangminshan, dimos un agradable paseo que nos llevó a un mirador desde el que pudimos ver el monte Xiao Guanyin y el monte Zhuzi, que no estoy segura de si se corresponden con mis fotos o no. 





Dicen que el olor a azufre es insoportablemente intenso en Xiaoyou keng, pero he de confesar que yo apenas me percaté de él. Xiaoyou keng es famoso por las pequeñas neblinas que forma, o más bien, por el humo que expulsa a causa de su actividad volcánica, ya que se trata de un volcán durmiente. 





Habíamos salido de casa tarde y pronto llegó la hora de cenar. Yangminshan es conocido por sus restaurantes, que sirven comida cultivada allí mismo, especialmente verduras y hortalizas. Se trata de una especie de restaurantes - granja y decidimos probar uno. El que escogimos, recomendado por una conocida, se llama Qingcai yuan 青菜園 o "jardín de las verduras". El restaurante en sí mismo parecía un garaje de barrio con las mesas y sillas más cutres y el alboroto era insufrible. Un caos total, y estaba abarrotado. En lugar de un menú, había unos papeles mugrientos pegados a la pared con los nombres de los platos y para pedir comida había que dirigirse directamente a los cocineros. Yo estaba tan confusa y agobiada en aquel sitio que dejé que pidiesen la comida por mí, a fin de cuentas en este tipo de restaurante lo normal es no pedir platos individuales sino compartir todo lo que se sirve. Pedimos sopa de pollo, revuelto de setas, carne de ternera y una verdura que no he sido capaz de identificar. No sabría decir si estaba bueno o malo, para mí no fue nada especial y, como me pasa el 90% de las veces en comidas tradicionales chinas, me morí de hambre, ya que compartíamos la comida entre cuatro. Además el precio, como era de esperarse, no era precisamente módico (creo recordar que pagamos 300 NTD cada uno, o sea, casi nueve euros), pero aun así lo recomendaría para tener una experiencia diferente. 







20 de agosto de 2016: bufet de sushi en Taipei

Los bufets de sushi no son realmente comunes en Japón, cuanto menos en Taiwán. Pero cansados de satisfacer a medias nuestros antojos de suhi en cadenas de poca calidad como Sushi Express, un día decidimos tirar la casa por la ventana y buscar un bufet de sushi en Taipei. 

Nuestra búsqueda nos llevó a Qiu Liaoli 秋料理 (Aki Japanese Sushi en inglés, cuya página web podéis encontrar aquí) que significa "cocina de otoño". Se trata de un restaurante elegante y tranquilo en el distrito de Daan, cuyo precio lo hace especialmente atractivo: solo cuesta 600 NTD por persona, es decir, unos 17 euros, que es un regalo tratándose de sushi. Puesto que en realidad no es un restaurante bufet, su sistema de "todo lo que pueda comer" es curioso. Una vez llegamos, nos acomodaron en el sushi bar y nos sirvieron sopa miso, pescado, ensalada, té y otros entrantes típicos de Japón. Después, el dueño, un señor entrado en años, nos explicó que primero nos servirían un par de cada pieza de sushi que ofrece el restaurante para que probásemos todas las variedades. De esta manera, cuando llegase el momento de pedir nuestra comida sabríamos cuáles nos gustaban y sería más fácil decidir y evitar el desperdicio de comida. Más tarde, nos trajeron el menú e hicimos nuestro propio pedido, pero no fue tan sencillo, pues el sushi solo se puede pedir de una vez, aunque sin límite (es decir, puedes pedir cien piezas si se te antoja). En Tokio nos habíamos terminado 80 piezas entre mi novio y yo pero había sido una tortura, así que esta vez fuimos prudentes, ya que las piezas que se dejan sin comer deben ser pagadas aparte. Aunque pedimos entre 60 y 50 en total, al final fue inevitable sentirse como si estuviéramos en uno de esos famosos concursos de comida japoneses. 






A pesar del buen servicio del atento dueño del restaurante, ambos salimos de allí aborreciendo el sushi, y hasta fuimos testigos de cómo la pareja de al lado, que había pedido más que nosotros, fue al baño a vomitar para seguir comiendo. ¿Lo recomendaría? No lo sé. Buena relación calidad - precio no le falta, pero no es para cualquiera.