viernes, 10 de julio de 2015

Las vacaciones de tifón

Las vacaciones de tifón o taifeng jia (颱風假), son un fenómeno común en los meses de verano, en los que Taiwán se ve amenazada por tifones con frecuencia. Tanto así que a veces vienen uno detrás de otro, o incluso al mismo tiempo. 

Cuando llega la noticia de la proximidad de un tifón, los taiwaneses leen los periódicos y miran el telediario expectantes, ya que si el tifón es peligroso se podría dar la alarma y cancelar las clases en las escuelas, así como cerrar muchas tiendas. En otras palabras, muchas personas no necesitan ir a trabajar porque salir de casa podría ser arriesgado. 

Foto encontrada aquí 


En mi experiencia, estos tifones sólo son un poco de viento y lluvia, ambos elementos que no son raros en la isla. Pero a veces, si son grandes, pueden tener consecuencias catastróficas, como por ejemplo inundaciones. Un buen ejemplo de esto es el tifón Morakot, que acabó con la vida de 439 personas. Además, por culpa de los tifones es común que se cancelen vuelos en Taiwán, como fue mi caso la primera vez que aterricé en la isla. 

Yo esperaba con ilusión mis vacaciones de tifón, sin embargo cuando las tuve no las disfruté como esperaba. El tiempo era demasiado malo para salir de casa, y me tuve que encerrar las 24 horas del día. En estas "vacaciones", sitios como centros comerciales, KTVs y cines se llenan de gente. Nosotros sólo nos preparamos comprando algo de comida congelada y moviendo la ropa del balcón de sitio para que no se la llevase el viento.  

Los tifones son fenómenos realmente impredecibles, de modo que lo mejor que se puede hacer cuando hay alguno es permanecer en un sitio seguro.

Anécdotas de mis dos primeros confusos meses en Taiwán

Antes de mi llegada a Taiwán viví una época llena de ilusión y altas expectativas, y esperaba que mis primeros días en Taipei fueran los más felices de mi vida. Sin embargo, mis dos primeros meses en Taiwán resultaron ser muy frustrantes, agotadores y solitarios. Había idealizado demasiado el país y cometí el error de creer que todo sería fácil, pero cada pequeña cosa de la vida diaria se convirtió en un desafío para mí, ya que se me ocurrió la genial idea de lanzarme a esta aventura totalmente sola. Por suerte, mi vida dio un giro de 180 grados cuando conocí a mi novio taiwanés, que se convirtió en mi salvador. Pero, ¿cómo era todo antes? Las pequeñas anécdotas que he recogido en esta entrada son pruebas de lo torpe que fui en los comienzos de mi nueva vida en Asia.  


En la ciudad

Por alguna extraña razón, antes de mudarme a Taipei pensaba que tendría muchos templos impresionantes en cada esquina, y también estanques con flores de nenúfar. Me imaginaba una especie de paraíso de estilo chino que poco tiene que ver con la realidad. De hecho, la primera vez que di un paseo por las zonas urbanas de Taipei, pensé que me había perdido en un barrio marginal. 





Durante los tres primeros cuatro días me sentía muy incómoda y diferente en la ciudad. Aunque en general pasaba desapercibida, me sentía muy torpe y fuera de lugar en todos los sitios y por momentos deseaba tener un aspecto asiático para sentirme como una más. Tampoco me atrevía a chapurrear las pocas palabras que sabía decir en chino, ya que los taiwaneses son gente extremadamente impaciente. 


 

Además, por aquel entonces no conocía ningún periódico en inglés sobre Taiwán y estaba aislada en lo que a actualidad taiwanesa se refiere. Así las cosas, un domingo salí de casa para comprar mi comida y me di de bruces con un viento que casi me lleva volando. La mayoría de los comercios estaban cerrados y apenas había gente por la calle, aunque tuve la suerte de encontrar algún restaurante abierto. Al día siguiente me enteré de que Taipei estaba en alerta roja por la llegada de un tifón peligroso. Pero en mi ignorancia salí de casa tatranquila. 




De compras 

Después de mudarme a mi nuevo hogar, cada día se hacía más evidente que necesitaba comprar un mini colchón para poner por encima del que ya tenía mi cama. Este tipo de colchones son muy comunes en Taiwán y se utilizan porque los colchones taiwaneses tradicionales se fabrican de una manera diferente a la occidental y son muy duros, tanto que pueden impedir que concilies el sueño. Intenté sobrevivir sin el colchón porque no sabía cómo comprarlo, hasta que llegó un día en que me cansé de estar agotada y no rendir en clase, así que me armé de valor, busqué cómo escribir en chino las palabras "servicio a domicilio" en Internet, las escribí como pude, y me dirigí al Carrefour más cercano. Allí encontré una amplia gama de mini colchones, cuyo precio estaba entre los 60 y 100 euros, y cuando escogí el mío busqué algún dependiente que hablase inglés. Finalmente, me dijeron que si quería pedir el servicio a domicilio lo tenía que hacer en la caja, pero tuve la mala suerte de que la cajera no me entendiese (y mi papelito en chino resultó inútil también). Estaba desesperada intentando comunicarme, hasta que apareció una persona que al parecer tampoco hablaba inglés, pero pudo entender lo que quería. Casi sin dirigirme la palabra o darme explicaciones, me pidió un documento que me identificase y me preparó una tarjeta de miembro del Carrefour, ya que esta era la única manera de conseguir el servicio a domicilio. Me sentí tan orgullosa de haber conseguido mi colchón, que aún conservo el recibo. 


Por otro lado, antes de venir a Taiwán me aprendí los números en chino porque pensaba que en las tiendas los precios estarían escritos con caracteres en vez de números árabes. Para mi sorpresa, los números chinos casi no se usan en Taiwán y pude comprar lo que necesitaba sabiendo su precio. 





Buscando sitios 

Me perdía para volver a casa desde mi escuela casi a diario, pero el caso más extremo fue en mi cuarto día en Taipei, cuando me perdí durante cuatro horas y llegué a sitios alejados del centro de la ciudad en los que ni siquiera había metro. Al final conseguí volver a mi hotel en el primer autobús que vi. Fue una de las situaciones más cansadas y frustrantes que viví en Taiwán. 




En los restaurantes 

Para comer, mi única opción era señalar con el dedo las comidas que me apetecían. Antes de entrar en cualquier restaurante me aseguraba de que su menú tenía algunas fotos o estaba traducido al inglés, aunque lo que más frecuentaba eran restaurantes de lunch box, en los que la comida está en una vitrina a la vista de los clientes. 




Por otro lado, mi horario de comidas estaba desfasado. Por más que buscaba, no encontraba restaurantes que me permitieran comer a la hora española, y daba vueltas buscando uno que se adaptase a mis horarios cada día durante más de una hora. 


Buscando piso 

Me las vi y deseé para encontrar piso mientras malgasté mi dinero durante dos semanas en el hotel más barato de Taipei. Perdí dos oportunidades de mudarme hasta que finalmente encontré mi hogar. Podéis leer la historia completa aquí. 




En la escuela 

No fui a una de mis clases en la universidad porque no sabía dónde estaba el aula. Por estúpido que suene, sucedió así: en mi primer día de clase fui al campus y busqué la clase, pregunté a gente, y nadie tenía ni idea de donde estaba. Me sentí muy patética y derrotada después de más de media hora buscando y finalmente me fui a casa. Un mes y pico más tarde descubrí que el aula que buscaba no se encontraba en el edificio principal del campus, sino en el departamento de música. ¡Con razón nadie la encontraba! 



En mi casa 

Pensaba que las ventanas no se podían abrir. La mayoría de ventanas de las casas taiwanesas tienen unas rendijas para bloquear los mosquitos, y eso me hizo pensar que nunca podría abrirlas del todo. Meses después, mi novio taiwanés me demostró que las ventanas sí se podían abrir y que además era muy fácil hacerlo. 




No sabía cómo poner la lavadora. Antes de encontrar piso me alojé en un hotel durante dos semanas, y una de las cosas que necesitaba urgentemente era lavar mi ropa, ya que me estaba quedando sin prendas limpias. El día que me mudé una de las cosas que más feliz me hizo fue la lavadora, sin embargo cuando la quise usar me llevé un chasco: ¡estaba en chino! Por suerte, al día siguiente mis caseros me enseñaron cómo utilizarla.




Por último, en Taiwán una de las cosas que nunca se deben hacer es beber agua del grifo. Sabía esto cuando me mudé, pero como mi grifo estaba conectado a un filtro de agua supuse que todo el agua que salía de él era potable. Craso error. Tenía que activarlo primero. Durante más de un mes bebí agua de una potabilidad dudosa... ¡y tuve la suerte de no ponerme enferma! 

¿Es el chino mandarín el idioma real de Taiwán?

A pesar de mis escasos conocimientos de historia taiwanesa, siempre ha habido una pieza del rompecabezas que no encajaba en mi esquema mental: si los primeros chinos que poblaron Taiwán procedían del sur China, ¿por qué en Taiwán se habla chino mandarín? Como bien es sabido, China es un país enorme en el que coexisten muchas lenguas, y el mandarín se habla, mayoritariamente, en el norte del país.


Foto de http://www.chinalanguage.com/


Para entender la historia del chino mandarín en Taiwán tal vez sería necesario mirar hacia atrás en la historia de la isla, pero creo que es suficiente aclarar que los primeros inmigrantes chinos de Taiwán empezaron a llegar en el siglo XIV de la provincia sureña de Fujian, en la que se hablaba el dialecto min o taiwanés, que probablemente fuese el idioma más hablado en Taiwán hasta el fin de la época de Ocupación Japonesa de Taiwán entre 1895 y 1945 (dejando las lenguas aborígenes y el japonés a un lado). 

Todo esto cambió cuando en 1945 Japón renunció a Taiwán y el Guomingtan (KMT), un partido nacionalista chino que había sido derrotado en la Guerra Civil china por los comunistas, se impuso en la isla liderado por el famoso dictador Chiang Kai Shek. Desde este momento, miles de chinos que habían luchado en el bando del KMT empezaron a emigrar a Taiwán, y tras la toma de poder del KMT se impuso una ley marcial. Con ella, se inició una fuerte campaña para relegar al taiwanés a un segundo lugar e imponer el chino
mandarín. 

Este vídeo en mandarín explica todo lo que acabo de escribir de una manera muy entretenida y dinámica. 

   




Estatus actual del taiwanés

En la actualidad, el taiwanés sigue siendo una lengua ampliamente hablada en la isla, especialmente en la parte sur. Sin embargo, la mayoría de sus hablantes son personas mayores, y existe una radical ruptura generacional, ya que el taiwanés se está perdiendo de manera que mucha gente joven no sabe hablarlo. Según dicen, existen casos en que la comunicación entre abuelos y nietos es imposible, ya que algunos abuelos no saben hablar en mandarín mientras que los nietos no saben hablar en taiwanés (aunque yo desconfío que esto no sea más que una leyenda urbana, ya que jamás he conocido a una sola persona que no sepa hablar mandarín en Taiwán). Lo más probable es que en realidad las generaciones de personas más mayores se nieguen a hablar en mandarín. 

La situación recuerda a la del gallego y el castellano: al igual que el gallego, el taiwanés fue prácticamente prohibido y se convirtió, poco a poco, en una lengua vulgar y anticuada para muchos. El mandarín acapara todo lo relacionado con la cultura, así como la prensa, la televisión, etc. Con contadísimas excepciones (como la de la serie de marionetas taiwanesa Pili), parece que el taiwanés se ha convertido, simplemente, en una lengua hablada. Sin ir más lejos, en las escuelas no es más que una asignatura optativa y ni siquiera está reconocida como lengua oficial en Taiwán. Irónico, ¿verdad? El taiwanés no está reconocido como lengua oficial mientras que el chino mandarín sí lo está.  

Ante la pregunta de si existe en Taiwán algún periódico o canal de televisión en taiwanés, mi novio contestó: "¿¡Qué!? Cómo podría ser posible eso? Los taiwaneses no estamos acostumbrados a ello. El taiwanés sólo es hablado por gente mayor, y escribir en taiwanés es demasiado complicado para nosotros". (A excepción de algunos caracteres, el taiwanés se puede escribir con caracteres chinos leídos de una manera diferente). Curiosamente, sí existen algunos anuncios publicitarios en taiwanés, como por ejemplo este.

 



En conclusión, el mandarín es una lengua relativamente nueva en Taiwán y fue impuesta por el KMT, que insistió en la idea de que Taiwán y China eran dos Chinas que se unificarían cuando la China de Mao abandonase el comunismo. Querían hacer creer a los taiwaneses que eran chinos, y uno de los pasos para lograrlo fue imponer su propia lengua y eliminar todo rastro de las lenguas ya existentes en Taiwán. 

domingo, 5 de julio de 2015

Ocho cosas que hacen única a Taiwán en verano

Todos los que hemos pasado un verano en Taiwán sabemos lo que eso significa: salir de casa y dejar la comodidad del aire acondicionado es casi un acto de valentía. El calor no da tregua, ¡nunca! Pero aparte de las altas temperaturas, estas son otras pequeñas cosas que en mi opinión hacen de Taiwán un lugar especial en verano:

Los helados de mango y el té helado 

Adictivos e imprescindibles en el kit de supervivencia de verano. 





Aire acondicionado a tope 

Todo establecimiento taiwanés que se precie tiene aire acondicionado y ventiladores puestos en verano (o incluso todo el año), lo que lleva a cambios constantes de temperatura que pueden hacer que muchos estemos siempre acatarrados (como es mi caso). 





Los cantos de las cigarras 

Este es uno de mis sonidos favoritos cuando salgo de la ciudad. Si de pequeños (y no tan pequeños) os gustaban los dibujos animados japoneses, las cigarras os traerán gratos recuerdos.




Las duchas inútiles

Es lo que tiene vivir en un país de clima húmedo subtropical. Ducharse es frustrante por momentos, ya que a los cinco minutos de terminar lo más probable es que es que te hayas cubierto de sudor otra vez. Con el tiempo, he ido perfeccionando técnicas para evitar esta situación, tales como vestirme al lado del ventilador. 






Las señoras ninja

Las bauticé de esta manera porque tapan su cuerpo de una manera tan exagerada que me recuerdan a los ninjas. Estas señoras suelen pasar de los cincuenta y tienen un enemigo común: el sol. Para protegerse de él, se ponen gafas de sol, mascarillas que cubren casi la totalidad de su cara (y a poder ser, también el cuello), gorros lo más grandes y hortera posibles, guantes, chaquetas (o guantes para los brazos, que sí, ¡existen!) y pantalones largos. ¿Supongo que nunca se les ha ocurrido usar crema solar e ir más frescas? Algunas variantes menos comunes son señores con sombreros sombrilla o señoras que van en bici mientras sujetan un paraguas para protegerse del sol. 


Foto de http://thomaspickard.photoshelter.com/

Foto encontrada aquí



Las tormentas del mediodía 

Es matemático: en verano, a eso de las dos o tres de la tarde empezará a caer un diluvio universal acompañado de tormenta. Aunque todo depende de la suerte, en ocasiones puede hacer tormenta todos los días de la semana, entre las dos y cuatro de la tarde. Los que no somos demasiado storm friendly sufrimos con este tiempo, pero los taiwaneses no se inmutan ni aunque parezca que se va a acabar el mundo. 




Las vacaciones de tifón

Es común que Taiwán se vea afectada por tifones durante casi todo el verano. Algunos pueden ser más peligrosos que otros y si realmente se considera que podrían causar daños importantes se cierran las escuelas y la mayoría de comercios por seguridad de modo que los taiwaneses no necesitan ir a trabajar. 





Las cucarachas

Estos animales están presentes todo el año pero se multiplican en verano y cuando empieza a hacer calor las calles están infestadas de ellas. Además en verano son más grandes y pueden volar. Se pueden encontrar en los rincones menos esperados. Es terrorífico. 




Estas pequeñas cosas tal vez parezcan tonterías (y de hecho lo son) pero forman parte de las observaciones de mi día a día en Taiwán y espero que mediante esta entrada sea capaz, de alguna manera, de transmitir algunos pequeños detalles que hacen a la isla diferente. 

martes, 30 de junio de 2015

Aprendiendo chino en la MTC

La Mandarin Training Center o MTC es una escuela de chino para extranjeros que pertenece a la universidad Shida, (師大) que cuenta con tres campus en Taipei. La MTC se encuentra dentro de uno de ellos, el campus de Daan (大安). Fundada en 1956, es una escuela de prestigio mundial cuyo ambiente internacional hace de la zona de Shida la más cosmopolita de Taipei. 

En la MTC existen dos tipos de cursos: el regular y el intensivo, siendo este último el más popular, ya que se aprende muchísimo más con el. Son tres horas diarias con profesores nativos de Taiwán, todos con mucha experiencia. Por supuesto, tienen la obligación de poner deberes todos los días y hacer pequeños exámenes llamados tingxie (聽寫), que literalmente significa "escucha y escribe" y consisten en un dictado de toda la vida. Aparte de las fichas y los cuadernillos de los libros, parte de los deberes diarios consiste en escribir los caracteres de cada lección en un pequeño cuaderno diseñado para practicarlos, y que  los niños taiwaneses también utilizan en sus escuelas.




La matrícula es un proceso un poco complicado, y cuando la hice no entendí el por qué de tanta parafernalia. En el primer día de clase, siempre se entrega un papel a cada alumno en el que se explican todas las normas de la escuela y también el funcionamiento de los cursos intensivos: dejan claro que los  deberes son diarios y obligatorios, y que es una norma de la escuela que cada estudiante de curso intensivo estudie cada día durante cuatro horas (horas lectivas aparte). Y aunque en el papel no lo mencionen, además se deben aprender 50 nuevos caracteres por semana. Está bien que avisen, pero sus advertencias asustan un poco. Para asegurarse de que los alumnos son conscientes de lo serio que supuestamente es un curso intensivo, el papel se debe firmar y entregar al nuevo profesor. Los alumnos que no estén satisfechos con sus clases tienen un plazo de una semana para cambiarse, pero os puedo asegurar que los cursos intensivos no son tan duros como la MTC nos quiere hacer creer. 





Los cursos duran tres meses y se dividen en cinco niveles con diferentes libros en chino y en inglés para cada uno. Los trimestres terminan con un temidísimo examen final, que si no apruebas te obligará a repetir el curso. Por suerte, la prueba no es difícil, y no conozco ningún caso de suspenso. 



El horario de las clases sólo se puede escoger en el segundo trimestre, o sea, cuando se pasa al nivel dos. A los alumnos primerizos sólo se les permite tener clase a partir de las dos de la tarde. Las clases de curso intensivo tienen como mucho ocho estudiantes cada una, y aunque el ambiente es muy internacional, lo que más abundan son japoneses y coreanos. Para que los alumnos no se mueran de agobio, hay dos pequeños recreos de diez minutos en las clases de tres horas. 

En teoría, en los cursos intensivos se debe terminar una lección en tres días y después hacer un examen, pero el ritmo de aprendizaje puede variar. Se cambia de profesor cada trimestre, y por aterrador que suene, a partir del segundo trimestre, es decir, al empezar el nivel dos, los profesores se comunican con sus estudiantes utilizando solamente chino. Sin embargo, están muy bien entrenados, conocen las limitaciones de sus alumnos y saben transmitir su sabiduría sin problemas. Aprendes aunque no lo quieras. 

En mi caso, la MTC fue una experiencia agridulce, ya que en el primer trimestre me tocó una profesora de la old school, que me gustaba mucho como persona pero que explicaba poco y exigía mucho. Me sentía frustrada a diario al no ser capaz de seguir el ritmo de sus clases, y estaba desanimada y confusa, ya que mientras estuve en Galicia nunca tuve ningún problema con mis clases de chino, y no entendía por qué de repente en Taiwán todo me salía mal. Para mi sorpresa, todo cambió en el segundo trimestre, cuando me tocó una profesora más joven y relajada que explicaba las cosas de tal manera que ni siquiera necesitaba estudiar para los exámenes. 

Para mí, la única desventaja de la MTC (aparte de sus instalaciones, ya que sus aulas son demasiado pequeñas y un poco viejas) es la misma que tienen todas las escuelas: parte de la gramática de los libros no es realista, es decir, sólo se usa en el lenguaje escrito. Si tu objetivo es aprender a hablar como los nativos, la mejor opción sería vivir con una familia de acogida taiwanesa o intentar hacer amigos taiwaneses en páginas como esta. Por otro lado, su precio no es demasiado atrayente, pero la calidad hay que pagarla. 

Por increíble que parezca, una vez terminado el nivel dos (o sea, en unos seis meses), ya es posible comunicarse bien, aunque con ciertas limitaciones. La MTC es la mejor manera de aprender chino de una manera eficaz y rápida, y yo misma soy prueba de ello: la  dejé hace más de un año y aún puedo leer y escribir más de la mitad de los caracteres que aprendí. Si estáis pensando en aprender chino en el extranjero, ya sabéis a donde ir. 


sábado, 27 de junio de 2015

Señales de que llevas demasiado tiempo viviendo en Taipei

Cuanto más pasa el tiempo más taiwanesa me siento (aunque sepa que hay muchos aspectos culturales que no aceptaré nunca). Estos son algunos de los pequeños indicios que en mi experiencia indican que llevas demasiado tiempo en Taiwán.



1. Estás harto de arroz y fideos

Todo cansa en esta vida. Incluso los fideos y arroz con curri más deliciosos. 



2. Te has encariñado con el feísmo urbano

A todo es posible acostumbrarse, incluso a la fealdad. La mayoría de los edificios de Taipei más que casas parecen jaulas, son demasiado viejos y la limpieza brilla por su ausencia. Sin embargo forman parte de mi día a día y con el tiempo he descubierto cierto encanto en ellos. (Más ejemplos de feísmo urbano en mi Tumblr de fotos de Taipei).


3. Te expresas mejor en chino que en tu idioma materno
Tal vez esto sea una exageración. Pero a menudo tengo pensamientos en chino que mi cerebro no es capaz de traducir al inglés o al castellano.



4. Rechazas restaurantes con precios por encima de los cinco euros

Al igual que en muchos otros países asiáticos, la comida en la capital taiwanesa es muy asequible y se puede adaptar al bolsillo de cualquiera. Por eso, gastar más de cinco euros tal vez sea un derroche para una persona acostumbrada a los precios de Taiwán.





5. La comida china y japonesa ya no te parece exótica 

La comida taiwanesa es muy parecida a la china, ya que la mayoría de taiwaneses proceden del gigante asiático. Por otro lado, los restaurantes japoneses son tan abundantes en Taiwán que nadie los percibe como extranjeros. Podría decirse que los taiwaneses se apropiaron de la cocina japonesa. Así las cosas, la comida china y japonesa es para mí tan normal como las croquetas de mamá.



6. Necesitas escapar de la ciudad
No todos nos adaptamos bien a las junglas de cemento. 



7. Sabes distinguir caras
Con el tiempo he aprendido a reconocer diferentes rasgos asiáticos y adivinar de qué país proceden las personas. Los más fáciles de distinguir son los coreanos, ya que tienen los ojos completamente diferentes de los demás.





8. Sabes distinguir nombres femeninos de masculinos 

Este es mi gran orgullo. Distinguir si un nombre chino es de mujer o de hombre no es tarea fácil (de hecho me equivoco a menudo) pero mi oído se ha acostumbrado a los sonidos y normalmente puedo discernir qué nombres suenan masculinos y femeninos. A veces también es fácil de saber si los puedes leer, ya que los caracteres que se usan para hombres no son los mismos para las mujeres y viceversa. Un buen ejemplo de esto es mi nombre, que significa "poema melodioso" (詩婷 - Shi ting) y cuyo segundo carácter, que es mixto, se compone del caracter que representa la palabra mujer (女 - ) y el caracter 亭 (ting), que pierde su significado y solo representa el sonido.




9. Te has vuelto adicto al té con leche

Se vende por todas partes. Es una tentación de la que nadie puede escapar.





10. Tu país te parece un reino lejano que sólo existió en una vida pasada 
Cosas como ver las estrellas, pasear al lado del mar, o simplemente respirar aire fresco se han vuelto extrañamente especiales para mí.







11. Te da reparo estornudar en público


En Taiwán creen que si estás enfermo debes llevar una máscara para evitar contagiar a otros, pero es una costumbre que me niego a adoptar. Sin embargo, sé que los taiwaneses son un poco quisquillosos en temas de salud, y me siento incómoda estornudando o tosiendo en público.







12. Prefieres hombres asiáticos a occidentales

Creo que esto solo me pasa a mí, pero los hombres taiwaneses me parecen mucho más guapos e interesantes que todos los demás. En cuanto puse un pie en Taiwán caí rendida ante su timidez y dulzura. Aquí tenéis un buen ejemplo de lo guapos que son algunos taiwaneses. 





13. Las duchas con mampara te parecen un lujo


A menos que te puedas permitir el lujo de alquilar una casa nueva, lo más probable es que te tengas que duchar en las típicas duchas - mangueras taiwanesas.






14. No temes que te roben

Prueba de ello es que cuando volví a España paseé por las calles de Madrid con casi mil euros en la cartera. Y tan tranquila.








15. Saludas con un simple movimiento de cabeza

Se trata de un movimiento parecido al que hacemos al asentir. Es mucho más práctico y no hace falta ni abrir la boca al hacerlo.

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16. Has pasado de hablar buen inglés a usar chinglish

Jamás tuve ningún problema para expresarme bien en inglés pero, de repente, tras pasar más de un año en Taiwán he empezado a tener problemas para hacer los plurales de las palabras y conjugar los verbos. Dime con quién andas y te diré cómo hablas.






17. El día del Padre es el ocho de agosto y el de la Madre en el segundo domingo de mayo

Una vez que te adaptas a Taiwán también haces lo mismo con sus horarios y fechas.







18. Comer fuera de casa ya no es especial


Taiwán es un país en el que no compensa en absoluto cocinar tus propia comida (he hecho la prueba y no valió la pena). Por eso
, la mayoría de los taiwaneses tienen por costumbre comer fuera de casa, y yo no soy un caso especial.





19. Percibes tu lengua materna de una manera diferente

Ahora son el gallego y el español los que me suenan a chino y no al revés. Pensad por un momento en estos dos idiomas y sus sonidos (especialmente la erre fuerte) y complicadas subordinadas. Tan extraños me suenan que a veces me cuesta hablarlos con naturalidad. Escucho las palabras salir de mi boca y me maravillo. Las pienso, y pienso en sus extraños sonidos y hasta me parecen graciosas.




20. Sabes que tu familia siempre te esperará con los brazos abiertos
, pero que perderás a tus amistades

Mantener el contacto parece fácil gracias a las nuevas tecnologías
, pero en realidad es toda una hazaña. El tiempo no perdona.





21. Esperas a que te sienten al entrar en un restaurante


A menos que vayas al tipo de restaurante barato en que todos se sientan con todos en las mismas mesas, en Taiwán lo normal es que los camareros pregunten el número de comensales y te digan donde sentarte. En una de mis vueltas a Galicia, mi novio y yo fuimos a un restaurante y en vez de sentarnos directamente nos quedamos en la puerta como dos pasmarotes, esperando a que alguien nos indicara donde sentarnos. Nos sentimos muy confusos y al final buscamos nuestra mesa nosotros solitos. 





22. Te sientes como una máquina de ensuciar si no te quitas los zapatos en casa


Seamos realistas: usar zapatos en casa es antihigiénico. Los zapatos arrastran toda la porquería que pisamos en la calle, y después la llevan hasta nuestros hogares. Usar zapatillas no es una mala alternativa. 




Estos son los pequeños cambios que he podido notar a lo largo de mi estancia en Taiwán, pero seguro que hay muchísimos más... ¡y ni me he dado cuenta!