sábado, 25 de noviembre de 2017

27 de enero de 2017: Gion Corner, el lugar donde los sueños se hacen realidad

O al menos el mío se hizo realidad allí. 

El Gion Corner es un teatro en plena Hanamikoji dori, la calle más famosa de Kioto, en el corazón de Gion Kobu (el hanamachi o barrio de geishas más prestigioso de Japón). Por un precio módico para estándares japoneses (3150 yenes), los turistas podemos disfrutar de un show cultural japonés bastante completito todos los viernes, sábados y domingos, cuyas estrellas son las maiko (aprendices de geisha) de Gion Kobu, que bailan dos piezas de kyo mai al final. 

Había leído sobre el Gion Corner online, pero dada mi naturaleza desconfiada asumí que seguramente las maiko serían falsas y no puse demasiado interés. Por otro lado, fui a Kioto en grupo y no quería dar la lata con mi obsesión por las geishas. Pero en el primer día del viaje, a la hora de comer vi dos mujeres a lo lejos que llevaban el peinado wareshinobu característico de las maiko junior y desde ese momento no pude dejar de llorar. Sí, sabía perfectamente que muchos turistas tienen el atrevimiento de "disfrazarse" de maiko, pero las miré detenidamente y simplemente tuve la  certeza de que eran auténticas (y la sigo teniendo ahora). Mis compañeros creían que me había pasado algo grave porque era incapaz de dejar de llorar. 

Ese mismo día hicimos la visita obligatoria a la Hanamikoji dori, y me di de bruces con el Gion Corner. Ya era tarde, así que tenía que esperar al día siguiente. Cada vez que recordaba la escena del mediodía volvían a brotar las lágrimas. 

Al día siguiente estábamos en el Gion Corner a las cinco de la tarde para ver la función de las seis. Al contrario de lo que yo había predicho, había una buena cola para entrar y me preocupaba enormemente no ser capaz de ver bien a las maiko. Cuando estábamos cerca de la entrada, vi sus nombres en un cartel: Ichiharu y Mamechika. Estaba eufórica: no iba a ver a una sino a dos maiko. Y había más: como en invierno no ofrecían una parte de la función (teatro bunraku, si no recuerdo mal) permitían a los turistas hacerse fotos con las maiko al final de la actuación. Perdí la cuenta de las veces que lloré aquel día, y la espera se me hizo agonizante. La sala no es especialmente grande y aun así conseguimos asientos, pero cuando la función empezó los abandonamos y nos pusimos de pie en una esquina para ver mejor. 

El show dura una hora y se compone de siete partes: mini ceremonia de té, koto (un instrumento japonés parecido al harpa), ikebana (arreglo floral), Gagaku (música de la Corte Imperial japonesa), una pieza cómica de teatro Kyogen, una función de teatro bunraku (con marionetas), y dos piezas de kyo mai bailadas por maiko de Gion Kobu. Cada actuación es anunciada en japonés e inglés primero. Este vídeo las resume bastante bien. 

 

Lo primero que vimos fue la ceremonia del té, a la que le faltó la solemnidad que la caracteriza por estar en un sitio lleno de gente. Fue una pequeña demo de unos minutos, acompañada de flauta sakuhachi en directo. La pieza de teatro Kyogen y la música Gagaku me gustaron mucho. A pesar de ser todo en japonés, en el caso del teatro se entiende perfectamente la historia y sus puntillos cómicos. Se centra en dos sirvientes que tienen la mala costumbre de beber a escondidas el sake de su patrón, que decide atarles las manos para deteternerlos. Ellos hurden un plan para beber de todas maneras, pero son pillados con las manos en la masa. Fue una actuación de mucha calidad. 

La música imperial Gagaku estuvo acompañada de una danza muy misteriosa, y tenía un plus de exotismo.

 

Cuando por fin llegó la hora de las maiko, yo estaba casi temblando y aunque me había preparado para grabar, mi vídeo no duró más de diez segundos porque me temblaban las manos descontroladamente. En el momento que el telón bajó, todo fue magia. Mamechika (de kimono naranja) e Ichiharu (de kimono negro) bailaron Gion Kouta, una balada sobre Gion y las maiko, y después, Rokudankuzushi. La actuación duró unos diez minutos y, después, como habían prometido, todos nos hicimos fotos con ellas. Yo me quedé hasta que todo terminó y salí de la sala detrás suyo. Jamás pensé que en mi vida podría estar tan cerca de una maiko, ni mucho menos hacerme fotos con dos de ellas. Fue un momento con el que no me había atrevido ni a soñar. En parte sentí pena al verlas posar con tanto turista tonto que no tenía ni idea de todo el sacrificio y dedicación que hay detrás de sus caras bonitas. Fui la única que se molestó en darles las gracias. 







Una vez todo terminó, yo no sabía cómo me sentía. Estaba incrédula, y lo primero que hice al llegar al hotel fue buscar a Mamechika e Ichiharu en la lista de geisha y maiko del tumblr Geimei, y allí estaban sus nombres. Ichiharu (市晴) ya es una maiko senior desde septiembre de 2016, pertenece a la okiya Nakagisi de Gion Kobu y tiene 19 años. Mamechika (豆千佳) es una geisha junior que debutó en febrero de 2015, y está afiliada a la okiya Tama, también de Gion Kobu y una de las más ricas y prestigiosas de Japón. Cuando tan solo habían pasado dos meses desde su debut, fue escogida para participar en las Miyako Odori, las danzas de primavera de Gion Kobu, un gran honor tratándose de una maiko con tan solo dos meses de experiencia. Eso indica que es una bailarina con mucho talento. 

Os dejo los vídeos de Ichiharu y Mamechika bailando por separado. En el primero podéis ver a Ichiharu bailando Gion Kouta, la canción más famosa en el mundo de las maiko, y también la primera que aprenden. En el segundo vídeo sale la preciosa Mamechika bailando Rokudan Kuzushi.







El Gion Corner ha sido criticado por ser "un circo de cosas japonesas" para turistas, y en parte puedo entender que algunas personas lo sientan así. Pero es una oportunidad estupenda para ver cosas maravillosas. 

Ocho de enero de 2017: el restaurante Gudetama Chef

Supongo que recordaréis mi entrada dedicada a Gudetama, el huevo vago fenómeno de masas en Taiwán que levanta pasiones en gente de todas las edades, incluida yo misma. A finales del año pasado abrieron en Taipei un restaurante temático dedicado exclusivamente a él, y en cuanto lo vi supe que tenía que ir. 

Gudetama Chef abrió en Zhongxiao Dunhua, cerca de los grandes almacenes Sogo, hace unos meses y desde su apertura, según dicen, se han formado grandes colas para comer allí los fines de semana, aunque en realidad no es posible entrar sin una reserva. Las reservas se puden hacer cada primero de mes en la página web EZ Table, ¡y es conveniente ser rápido antes de que las mesas se agoten! Solo se permite reservar para el mes siguiente, así que yo reservé el uno de diciembre para comer allí el ocho de enero. 




A pesar de los rumores de las colas gigantescas, lo cierto es que no había ninguna cuando yo fui y todo el mundo tenía una reserva. Como buen restaurante temático, la comida no destacaba por su buena relación calidad - precio, pero me pareció la mejor comida de restaurante temático que había probado, y la presentación de cada plato incluía a Gudetama en sus posturas más kawaii. En realidad Gudetama es literalmente omnipresente en el pequeño restaurante: hasta los tenedores tienen su cara. La comida es de estilo occidental, o más bien tal vez debería decir fusion, aunque en su Facebook Gudetama Chef afirma que ofrecen comida italiana y china. Yo me pedí un curri verde que no sabía nada mal y que me dejó con el estómago lleno al tratarse de un plato grande, y mi novio pidió una pizza que por el contrario era minúscula. 



En general recomendaría Gudetama Chef, pero solo a los auténticos fans de Gudetama, porque tanto amarillo en un solo espacio puede ser agobiante. La comida es aceptable, pero tal vez no me gustó el hecho de no me sentirme realmente cómoda allí: era un espacio más pequeño del que había imaginado para demasiada gente. De todas maneras lo recomiendo, y si no os gusta Gudetama ahí tenéis el restaurante temático de Rilakkuma o el de One Piece, ambos en Taipei. 


viernes, 24 de noviembre de 2017

Nota a los lectores III

Queridos lectores: 

Como ya sabréis por mis entradas recientes (o en todo caso, por mi FALTA de entradas recientes), ahora llevo un ritmo de vida frenético. Ya no tengo el tiempo libre de antes, así que he decidido romper con mi tradición de publicar siguiendo el orden de las fechas. Es obvio que no terminaría nunca, así que mejor dejar a un lado mis manías absurdas y publicar directamente sobre lo que me apetezca. Esta semana ha sido la única medianamente relajante en meses, así que espero sacar un tiempecillo para contaros cómo es mi nueva vida universitaria en Taiwán. No me llega el momento de compartir todas mis experiencias con vosotros. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

17 de noviembre de 2017: Pensamientos

'Eveything works in circles'. Lo dijo Darby Crash, el cantante de The Germs, y para mí es una realidad. Por mucho que me esfuerce, parece que estoy condenada a volver a la misma situación una y otra vez.

Este último mes hubo demasiados cambios bruscos en mi vida. No me refiero a la universidad, sino a muchas otras cosas con las que no contaba. En tan solo unas semanas, he dejado a mi pareja de cuatro años para irme a vivir a un antro infecto de cucarachas que se lleva más de la mitad del dinero que hago en un mes. Me sentía fuerte e independiente. Creí que estar sola, sin que nadie me molestase, me haría muy feliz: nada de aguantar las tonterías de los demás. Ahora no entiendo cómo fui tan tonta. Abandoné un sitio aislado para vivir en pleno centro de Taipei y así estar cerca de mis compañeros de universidad. Mi antigua casa me aislaba demasiado de mis nuevos amigos y me parecía injusto que ellos hicieran cosas divertidas mientras yo me tenía que contentar con ver las fotos en Facebook. Pero lo cierto es que ahora me siento más aislada que nunca.

Aunque siempre esté agotada de ir a clase seis horas diarias y trabajar después, nunca me apetece ir a casa. Tras casi un mes sola en Taipei, me siento tan indefensa que volver me pone ansiosa. A medida que me voy acercando al portal, mi corazón empieza a latir fuerte, a veces tiemblo. Una vez dentro, compruebo obsesivamente que no hay ninguna cucaracha merodeando y empiezo a hacer deberes para pasar la noche entretenida. Los deberes, trabajos y exámenes son mi salvación. Por lo demás, el resto del tiempo solo me agobio recordando viejos tiempos. Querría volver atrás y quedarme para siempre en mi vieja casa de las montañas, y hacer que esta nueva vida se convirtiera en una simple anécdota. Paso las horas agobiada, estresada, con una tristeza profunda que no comparto con nadie, porque la gente es incapaz de ponerse en mi lugar y entender la ansiedad que produce verse sola en el extranjero, muy lejos de la familia, sin dinero y un alquiler y matrícula de universidad de escándalo. No tengo más que obligaciones, gastos, estrés y  soledad. De repente, he vuelto a mi primer mes en Taipei. La motivación para seguir se merma cada día, y aparte de la pasión por mi carrera, nada me anima ya a estar aquí.


domingo, 3 de septiembre de 2017

Estadía en el Star Hostel Insadong, Seúl

Hacer reviews de hoteles no es mi fuerte y tampoco es el propósito de este blog, pero tengo tantas palabras de agradecimiento para el dueño del Star Hostel Insadong que me siento en el deber de hacerle un poquito de publi. 

El dueño, Kevin, es un hombre encantador que se deja el pellejo en su trabajo. Lo lleva él todo, y nunca había visto una persona más entregada a un negocio. Nos sentimos muy cómodas en todo momento, él nos dio una seguridad que necesitábamos desesperadamente ante la situación de emergencia que vivimos allí. Nos dio buenas vibraciones desde el primer momento. Pero dejémonos de palabrería y vayamos al grano. 

En nuestro primer día en Seúl, justo cuando mi amiga y yo íbamos a salir, tuvimos la mala suerte de que ella se torciese la rodilla en las escaleras del hotel, y tuvimos que pasar el día en nuestra habitación. Ella se retorcía de dolor, así que no nos parecía conveniente ir al médico todavía. Al día siguiente decidimos ir al hospital, y Kevin no solo se involucró de pleno en el proceso para contactar nuestra compañía de seguro, sino que nos llevó en su propio coche al Seoul National University Hospital y se quedó allí con nosotras hasta que todo terminó. Os podéis imaginar el gran alivio que sentimos al tenerle allí con nosotras: dos chicas en un país desconocido, sin contactos ni conocimiento del idioma. No sé qué habríamos hecho sin él. También nos dejó cambiar de habitación gratis para poder estar en el primer piso, así todo sería más fácil si nos atrevíamos a salir los próximos días. 

El establecimiento está completamente nuevo e inmaculado. Las habitaciones son pequeñas y sencillas, pero si tenéis experiencia viajando en Asia me imagino que ya sabéis que las habitaciones pequeñas son la norma a menos que estéis dispuestos a gastar un dineral. Habitaciones pequeñas no implican incomodidad, ambas nos sentimos muy cómodas y el sistema de calefacción funcionaba maravillosamente. Se encuentra en pleno centro de Seúl, a dos minutos de la boca de metro de Jongno 3-ga, y había un 7-11 y una zona comercial en las cercanías, así que fue una estadía bastante práctica dentro de lo malo. No es el Palacio de Buckingham, pero si estáis buscando un hostel de buena relación calidad - precio, no busquéis más. Doy mi palabra de que no os arrepentiréis. 

Tan solo le encontré una pega, aunque no me importó demasiado: está escondido detrás de otras casas y es muy difícil de encontrar, así que lo más recomendable es contactar con el dueño un par de días antes para que os recoja en la estación de metro, que lo hará encantado. Solo tengo palabras de agradecimiento para él, y le deseo toda la suerte del mundo en su negocio. Cuando vuelva a Seúl, tengo muy claro que no me pienso alojar en ningún otro sitio, ¡y os recomiendo a vosotros que hagáis lo mismo! (En este link de Agoda podéis ver fotos y más información.)


30 de octubre de 2016: Vacaciones en Seúl

Seúl es una ciudad a la que le tenía ganas desde hacía mucho, muchísimo tiempo, así que aproveché la visita de una amiga a Taipei y fuimos juntas cuatro días. Poco nos imaginábamos las sorpresitas que esta ciudad nos tenía guardadas: entre otras cosas, por desgracia ella tuvo un accidente y a partir de ahí todo lo que tuvimos fue mala suerte. Tanta, tanta mala suerte que llegó un momento en que nos reíamos porque parecía que solo faltaba que un piano nos cayera encima. Pero a pesar de nuestras desgracias, pudimos sacar provecho de nuestras vacaciones y os aseguro que lo poquito que vimos de esta ciudad nos enamoró completamente. 

El primer día visitamos la preciosa Buckon Hanok Village por error, pues en un principio se suponía que nos dirigíamos al Palacio Gyeongbuk, pero le di la dirección equivocada al taxista y de repente estábamos allí. No nos importó porque también estaba en nuestros planes, y fue una visita deliciosa. Como su nombre indica, Hanok Village es un espacio donde todavía se conservan casas tradicionales coreanas, llamadas hanok, que están hechas de piedra, madera, y papel de arroz (sospecho que en su gran mayoría son reconstrucciones porque todo quedó arrasado tras la guerra, y creo recordar que incluso un señor nos comentó este detalle cuando estuvimos allí). Aunque se trata de una zona tranquila en una colina, la Hanok Village está llena de vidilla y muchas de sus casitas son centros culturales, guest houses, cafeterías, casas de té, etc. El ambiente es muy relajado y se pueden ver algunos turistas llevando hanbok, el vestido tradicional coreano. Originalmente, supongo que debido a su proximidad al Palacio Gyeonbuk, era la residencia de la nobleza, pero con el paso de los años terminó habitada por plebeyos. Hoy en día se conservan unas 900 casas. Fue un placer perderse por sus intrincados caminitos, y es uno de mis sitios favoritos en todo Asia. 





Después de nuestro breve recorrido en Hanok Village, un ángel caído del cielo (os contaré los detalles en otro post) nos llevó a Insadong, una calle comercial cercana que es el paraíso de todo turista ávido de souvenirs y que a ambas nos pareció el paraíso. Para mí el souvenir más tentador fueron las máscaras coreanas, pero sin duda lo que más llamó mi atención fueron los preciosos hanbok que vimos en algunos escaparates. Pero además, la calle de Insadong también es un pequeño centro cultural, ideal para comprar artesanía o, según dicen, cuadros. De hecho, antiguamente era una zona de pintores. Hicimos unas pequeñas compras y nos volvimos al hotel a reponer las pilas para el día siguiente, que era el último que nos quedaba. 


Al día siguiente visitamos el precioso Palacio Gyeongbuk, donde además pudimos ver la ceremonio de cambio de guardia. Construido en el siglo XIV, sirvió como hogar a los reyes de la dinastía Joseon (la última dinastía coreana) y tuvo que ser reconstruido varias veces, por eso ahora tiene ese aspecto tan nuevo (la última reconstrucción fue en 1989, después de que los japoneses lo hicieran polvo durante la época de ocupación japonesa). A pesar de la sobrecarga de turistas, al igual que la Hanok Village nos pareció un sitio encantador. 




Terminamos el día y también el viaje en el sueño de todo amante del maquillaje: la calle Myeongdong o calle de los cosméticos, como la llaman algunos. Yo no estoy muy puesta en estas cosas, pero mi amiga es experta en maquillaje y cosméticos y los ojos le hacían chiribitas. A mí no me entusiasman, pero Myeongdong me gustó igualmente, ya fuera por el ambiente, la comida callejera, o las luces de neón de los imponentes edificios. En realidad, el nombre Myeongdong no hace referencia tan solo a la calle de los cosméticos, pues se trata de la zona de compras más grande de Seúl y también una de las más caras del mundo. 





En definitiva, creo que no hubo nada que no me gustase de Seúl, excepto la increíble mala suerte que tuvimos desde el minuto que llegamos hasta que nos fuimos. Por lo demás, la considero una de mis ciudades favoritas, es súper moderna pero sin perder su identidad y por momentos me sentía como si estuviera en Nueva York. Espero volver pronto. 

Diez de octubre de 2016: Templo Cao Dai y Túneles Cu Chi

En nuestro tercer día en Vietnam hicimos un tour que me apetecía mucho: visitamos el templo Cao Dai y los legendarios Túneles Cu Chi. A pesar del fiasco en el Mekong Delta el día anterior, contratamos la misma agencia, The Sinh Tourist, por pura pereza. A fin de cuentas, todas son iguales a menos que estés dispuesto a apoquinar una buena suma. Nos llevamos una sorpresa cuando llegamos al punto de recogida y descubrimos que íbamos a tener el mismo guía. Él nos reconoció y sonrió. Nosotros también nos reímos, pero este tour fue mucho mejor y el guía colaboró un poquito más. 

Tras dos horas de autobús, llegamos al templo Cao Dai, en el pueblo de Tay Nynh. La Cao Dai es una religión vietnamita fundada en 1926 y cuenta con millones de adeptos. Grosso modo, podría describirse como una "mezcla" de las creencias de las religiones más practicadas en el mundo, y sus seguidores adoran a santos tan pintorescos como Víctor Hugo o Sun Yat Sen, y también a Confucio, Buda, Jesucristo, y a los ancentros. Su objetivo es promover la tolerancia porque creen que todas las religiones tienen una base común. Toma una fuerte influencia del budismo y el confucianismo, pero por ejemplo su jerarquía de sacerdotes está inspirada en la de la Iglesia Católica. Es una religión muy compleja que incluye meditación, rezos, evitar comer carne al menos diez días al mes, etc. Los caodaístas creen que Dios se ha manifestado de diferentes maneras a lo largo de la historia, pero que esencialmente siempre ha sido el mismo. También creen en el karma y la reencarnación. Al igual que los católicos, los cadaoístas tienen su propia "misa", que se celebra cuatro veces al día y que está abierta a los turistas, que pueden observar cómo los creyentes rezan desde un balcón. 


Antes de que la ceremonia empezase, tuvimos la libertad de explorar el templo por nuestra cuenta. No pudimos entrar por la entrada principal, y hombres y mujeres deben usar entradas diferentes y quitarse los zapatos. La cantidad de símbolos religiosos es abrumadora: aparecen Jesús y la Virgen, pero las columnas también están decoradas con dragones chinos y en el altar están, si no recuerdo mal, Jesús, Buda, Mahoma y Guanyu, el dios chino de los negocios, la lealtad y la guerra. En el centro se encuentra el ojo del "supreme being" o, en otras palabras, el ojo de Dios, que es el símbolo por antonomasia de esta religión y que se representa rodeado de un triángulo, aunque en el altar aparece en un círculo en medio del mundo. Mientras estuvimos dentro, nos vigilaron y no nos permitieron estar en ciertas zonas porque al parecer son sagradas. 






Cuando la misa de las doce empezó solo pudimos observar desde el balcón, donde estaban los músicos. Desde allí me di cuenta de que todos llevaban trajes de diferentes colores dependiendo de sus rangos y hombres y mujeres se sentaban en lados diferentes. La ceremonia dura 45 minutos y es bastante repetitiva, así que pronto nos fuimos. 




Después de comer, continuamos nuestro viaje hacia los túneles Cu Chi y literalmente nos perdimos por el camino. Fue curioso porque el guía nos había dicho que el conductor tenía más de diez años de experiencia. Nos perdimos por esa carreteras dejadas de la mano de Dios y se pararon a preguntar varias veces. Fue un show, y el bus daba tumbos sin cesar. ¡La peor carretera de mi vida! 

Los Túneles Cu Chi resultaron muchísimo más interesantes de lo que jamás había creído, y fue en este momento que definitivamente empecé a sentir admiración por Vietnam. Cu Chi podría considerarse una especie de museo al aire libre, y es ideal para hacerse una idea de las penurias que pasaron ambos bandos en la Guerra de Vietnam. Está situado en plena jungla y se pueden ver las trampas que los vitenamitas preparaban para los americanos, y cómo sobrevivían en pésimas condiciones, viviendo en túneles estrechísimos y ultra claustrofóbicos bajo tierra. Los vietnamitas fabricaban sus propias armas caseras, y tanto mujeres como hombres fueron activos en la Guerra. 








Por increíble que parezca, los túneles que podemos ver hoy en día han sido ensanchados para los turistas y se puede entrar a hacer un pequeño recorrido. Yo me proponía hacerlo, pero cuando vi lo estrechos que eran no pude. E hice bien, porque mi novio lo probó y me contó que es mucho más duro de lo que parece y es imprescindible estar en buena forma. Además, su guía se perdió e hicieron un tramo más largo del que deberían mientras los cobardes esperábamos fuera, un poco preocupados. Sea como fuere, es una experiencia altamente recomendable y muy enriquecedora. Es muy interesante estar en ese ambiente, una incluso puede entender cómo los americanos perdieron la Guerra a pesar de su sofisticada tecnología. 

Nueve de octubre de 2016: tour maldito en el Mekong Delta

El Mekong delta es el destino anhelado por todo turista que se aventura a explorar el sur de Vietnam. Pensad en bosques de palmeras, calor tropical, ríos de agua marrón, botes llevados por señoras con sombreros cilíndricos, y tendréis la estampa típica vietnamita. Muchos extranjeros esperamos una experiencia exótica en el famoso Mekong delta, pero en realidad si se opta por una agencia de viajes barata el tour no es más que un circo. 

Ha llegado la hora de que me una el club de la gente que se queja de lo horribles que son los tours del Mekong delta. Todas las quejas sobre las que leí en Internet se hicieron realidad, aunque por suerte iba preparada para todo y supe tomármelo con humor. El tour del Mekong Delta está considerado por muchos como el tour "trampa" o "tourist trap". Y yo no podría estar más de acuerdo. 

Bien es sabido que Vietnam es un país pobre y que muchos de sus ciudadanos dependen del turismo para ganarse la vida. En este tour esto se face más evidente que nunca. Básicamente, lo que se supone que debería ser algo cultural y didáctico es sólo una estrategia comercial, una invitación descarada al consumismo (resulta irónico en un país semi comunista como Vietnam). Pero para que entendáis mis quejas explicaré directamente en que consistió mi tour con la agencia The Sinh Tourist, que se encuentra en el centro de Ho Chi Minh City. 

Contratamos nuestro tour con la The Sinh Tourist un día antes y nos costó unos diez euros. El tour incluye el viaje de una hora y media en autobús, el paseo en barco, comida de estilo vietnamita, y paseo en botes tradicionales vietnamitas. Con este precio, sabía que no debía esperar mucho, pero he de quejarme de todas maneras. 

En primer lugar, nuestro "guía" no hablaba bien inglés. Nosotros no lo entendíamos y él tampoco a nosotros. Sus "explicaciones" fueron escuetas y vagas, en ningún momento se ofreció a contestar preguntas y parecía estar allí para pasar el rato. No se podía contar con él para nada y además no esperaba por las personas. No me pareció maleducado, simplemente no me gustaba la manera en que trabajaba: se le veía demasiado relajado. De todo lo que decía solo entendíamos la palabra "coconut", que repetía una y otra vez. 

Por otro lado, el 90% de paradas fueron en sitios donde pretendían vendernos algo. No aprendimos absolutamente nada sobre lo que estábamos visitando, sino que nos dedicamos a ir de tienda en tienda, todas camufladas como "fábricas" de las que no vimos absolutamente nada: sólo nos daban a probar algo de comer y después la gente se amontonaba para comprar.  A mitad del tour estábamos agotados de este circo y sólo queríamos ir a casa. Nuestra primera parada fue en una "fábrica" de tostadas de coco, después, en una tienda de souvenirs, tomamos nuestro almuerzo y continuamos en 
una "fábrica" de miel donde lo único que hicimos fue ver un panal de abejas y probar un té con miel que tenía hormigas. Todo esto caminando en el calor tropical, así que fue un poco desesperante. 



Después de todas estas paradas, por fin llegó el momento que todos estábamos esperando: el paseo en bote por el Mekong Delta. Pero para llegar al río había que ir en un carro llevado por unos caballos en pésimas condiciones, y nos negamos a montar. Junto otro grupo de personas, en su mayoría taiwanesas, nos hicimos el recorrido a pie. Antes de hacer el paseo, tomamos una pequeña merienda con fruta y música tradicional vietnamita. A mi novio le pareció horrenda, pero a mí me gustó. La señora cantaba en directo y no lo hacía mal, pero cuando antes de irnos nos pidieron propinas nuestro sobre, si no recuerdo mal, quedó vacío. El paseo en barca fue muy agradable: realmente estábamos en medio de la selva. Las señoras que remaban nos exigieron una propina, y por último hicimos otra parada en otra "fábrica" que vendía unas chucherías de coco que casi todos compramos. 







Tal vez os hayáis quedado con la sensación de que mi descripción del tour está incompleta, pero realmente esto fue todo lo que hicimos. Durante los primeros minutos, fuimos todos en un barco grande desde el que también se apreciaban las vistas del Mekong Delta. Dio la casualidad de que de repente cayó una lluvia tropical que daba miedo, y temí que nuestro tour se arruinase, pero en realidad ya estaba arruinado desde un principio. Por lo demás, también tuvimos que caminar cada vez que hacíamos "paradas". 





En conclusión, ¿vale la pena este tour? En realidad sí. Solo hay que ser paciente y tomarlo con humor.